conflicto

La grave crisis vivida en Oriente Medio, entre Israel y Palestina se presta al fácil maniqueismo y condena. La prensa, los políticos y cualquier persona dicta su veredicto a favor de unos u otros. Unos se califican de progresistas y condenan a Israel, otros se etiquetan de conservadores y condenan a Hamás, y los más deciden su opinión por instinto o por razones individuales ridículas ( prejuicios tales como “todos los musulmanes son fundamentalistas y terroristas” o “todos los judíos son avariciosos y dominantes”, etc) . Sin embargo, no es tan sencillo identificar un culpable.

Al igual que el hundimiento del Titanic fue debido a un cúmulo de responsables y factores ( capitán inexperto, temporal, iceberg, casco de acero debilitado, ausencia de botes salvavidas suficientes, diseño absurdo, etc), el conflicto palestino-israelí no admite causas únicas ni veredictos tajantes.

1. La causa remota de la situación tiene lugar allá por 1947 cuando Naciones Unidas acuerda la partición de Palestina, bajo el mandato británico aprobado por la Liga de Naciones, en dos estados, uno judío y uno árabe, y dando lugar a la independencia de aquél como Israel y a la oposición de los pueblos árabes. De este modo, las potencias coloniales solucionaron el problema del asentamiento de un pueblo errante e históricamente castigado, y sembraron un polvorín. No de otra forma puede considerarse crear un Estado judío en un territorio donde tan sólo el veinte por ciento de la población de entonces era judía.

2. La causa inmediata de los sangrientos episodios de días pasados viene dada por los misiles enviados por Hamás el día de Navidad a Israel. Pero la causa de estos misiles radica a su vez en el cerco económico que Israel aplica a Palestina. Y la causa de este cerco económico radica en el hostigamiento de algunos exaltados palestinos a los habitantes judíos de la franja de Gaza así como en las incursiones terroristas en territorio israelí. Y la causa de esta hostilidad palestina radica en los años de vejaciones de israelitas a los padres de sus padres y la usurpación de sus tierras por los judíos, y si seguimos remontándonos por el río de las causas, llegaremos a Abraham para quien el Antiguo Testamento reservó la tierra prometida, pero al tener dos hijos ( Isaac, antecesor de los judíos, e Ismael, antecesor de los árabes) la disputa está servida. O sea, como muchos litigios actuales, permítaseme el sarcasmo, la raíz está en asuntos de familia y testamentos de antiguo.

3. La causa jurídica del conflicto radica en la debilidad del Derecho Internacional.
En primer lugar, porque no se ha perfilado un paradigma o modelo jurídico que de respuesta incontrovertida a situaciones de coexistencia de culturas y pueblos diferentes con reivindicaciones legítimas sobre un mismo territorio (si legítimo es que el pueblo palestino reclame la tierra de sus padres, legítimo resulta que el pueblo israelita defienda la tierra que la comunidad internacional reconoció y otorgó como propia). Lo que ya resulta mas chocante es que Naciones Unidas haya declarado que Israel ha ocupado territorios palestinos indebidamente, y que el Tribunal de Justicia Internacional ha condenado el muro alzado por Israel como prevención del terrorismo por suponer la consolidación de hecho de una situación ilegítima.¡ Y no pasa nada!

En segundo lugar, porque el Derecho Internacional está sumido en grandes contradicciones. Por un lado, afirma el derecho a la descolonización de los pueblos y por otro afirma el principio de inalterabilidad de las fronteras derivadas de la etapa colonial (así Africa, al igual que Israel fueron trazados a tiralíneas por potencias occidentales).

Por otra parte, el Derecho Internacional contempla la existencia de crímenes contra la humanidad y se crean superestructuras para la cooperación ( ONU, OTAN, UNESCO, etc) pero paradójicamente son gigantes con pies de barro, como demuestra que toda la comunidad internacional no ha podido con un puñado de piratas somalíes en el Indico, amparos por una de las naciones mas pobres del mundo.

Por último, la causa institucional de no solucionar el conflicto radica en la incapacidad del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para conseguir la unanimidad, por encima de vetos con intereses geoestratégicos. Y cuando se consigue la aprobación de la recientísima Resolución 1869 en que el Consejo de Seguridad (con votos favorables de 14 de los 15 miembros, con la abstención de EEUU) “pide un alto el fuego inmediato, duradero y totalmente respetado, que conduzca a la retirada completa de las fuerzas israelíes de Gaza”, las partes del conflicto hacen oídos sordos y siguen enfrascados en sus escaramuzas bélicas.

4. La causa humana reside en el fanatismo de todo orden. En los fanáticos musulmanes que integran ese brazo terrorista que alienta Hamás. En los fanáticos israelitas que, al igual que el general MacArthur quería borrar del mapa a Corea, desearían borrar a Palestina de la península arábiga. Y como no, en los políticos de terceros países islámicos y no islámicos que como buitres observan el desarrollo de la contienda al servicio de sus propios intereses.

5. Y la culpabilidad radica en la soberbia humana. Sí, la soberbia de gobernantes judíos que no quieren pasar a la historia por blandos, y en la soberbia de gobernantes palestinos que no quieren ser criticados por su pueblo por traidores. Y esa culpabilidad también radica en quienes democráticamente votaron en Palestina para que en Diciembre gobernase Gaza la organización de Hamás. Pero también radica en los asesores y juristas del gobierno israelí que no advierten enérgicamente que si bien Israel tiene derecho legítimo a la defensa de su propia existencia frente a la agresión exterior, ese derecho se pierde o vacía cuando se ofrece una respuesta tan desproporcionada, cruel e indiscriminada como la que se expresa en los miles de palestinos heridos y cientos de muertos, incluyendo civiles y dentro de ellos niños. No es extraño que en España se haya firmado un manifiesto de condena a Israel por prestigiosos Catedráticos de Derecho Penal.

6. Por último, en una visión global del problema, la causa radicaría en ese fenómeno anunciado por Samuel Huntington, profesor prestigioso que falleció esta Navidad, y autor de su premonitorio libro “ El choque de civilizaciones”. El citado profesor agudamente señalaba que el mundo ofrece 192 Estados soberanos, pero que encierra un número potencialmente casi infinito de tribus, grupos étnicos y nacionalidades. Por eso, el profesor distinguía ocho civilizaciones: Japonesa, hindú, islámica, ortodoxa, occidental (europea, norteamericana), latinoamericana) y africana. Asimismo, señalaba que desde la creación de Israel los judíos tenían todos los elementos objetivos de una civilización: religión, lengua, costumbres, literatura, instituciones y una ubicación territorial y politica. Y dado que los Estados han perdido soberanía y poder (permeabilidad de fronteras, globalización, cesión a instituciones internacionales,etc) se ha robustecido el lazo de la pertenencia a la civilización, con la consiguiente posibilidad de conflicto o choque con otras civilizaciones.

7. Tales civilizaciones a Sevach le recuerdan a las “placas tectónicas” de la teoría del geólogo Alfred Wegener para explicar la formación de los continentes. Cuando esas placas friccionan se producen pliegues, volcanes y terremotos. Y por eso, cuando dos civilizaciones coexisten las fricciones afloran en forma de conflictos.

En fin, que no deja de ser chocante para Sevach que el ser humano se preocupa de que la comunidad internacional adopte medidas para la protección del cangrejo blanco abisal o para reducir el dióxido de carbono, en cambio tolera los brotes de violencia entre Estados o entre grupos armados, tranquilizando su conciencia con tibias condenas formales o con actitudes mas diplomáticas que prácticas.¿ Tan difícil es una negociación y consenso de alto nivel internacional que consiga con intermediarios (“hombres buenos”) que sencillamente los palestinos acepten la existencia del Estado de Israel y que los israelitas cedan los territorios usurpados?¿Pueden Hamás y el ejército israelí congelar temporalmente su actividad militar hostil?. Lo que está claro es que si Palestina no renuncia a sueño de un Estado palestino cuyo territorio comprende todo Israel y si Israel no renuncia a su franja de seguridad ocupada a los palestinos, la sangría está servida.

Lo que es seguro es que quienes no son responsables son los niños israelíes ni los niños palestinos ( que crecen en el terror y el odio, y lamentablemente numerosos niños palestinos ni siquiera crecen por ser masacrados) y es que de tales guerras o escaramuzas, como decía el general Wellington tras su victoria de Waterloo, “lo único peor que una batalla perdida era un batalla ganada”. Y es que no sólo palestinos e israelitas pierden, sino que todos perdemos con esta demostración de barbarie que constituye el peor de los auspicios para el año 2009 que comienza. Al final tenía razón el Catedrático Samuel Huntigton cuando decía que la hipocresía regía la vida internacional.

P.D. Para no dejar mal sabor de boca encontraréis la bellísima canción “Imagine” subtitulada en español aquí. Os la recomiendo vivamente dada la situación que vivimos.