Hace unos días, la prensa se hacía eco de este expresivo relato del Presidente de una Asociación local de comerciantes sobre la indignación de los pequeños empresarios ante la impunidad de los hurtos navideños.  El relato no tiene desperdicio por su espontaneidad y por constituir un síntoma del panorama que se respira en la vida cotidiana.

1.  Veamos el relato periodístico en su literalidad:

“Como ejemplo de esta situación, De la Uz puso ayer un caso ocurrido durante estas mismas navidades. Dos personas sustraen seis productos de gran valor de una tienda introduciéndolos en un bolso preparado para pasar los detectores. Las empleadas se dan cuenta y una persigue a uno de los ladrones hasta que lo atrapa y lo retiene, con el consiguiente riesgo. Cuando llega la Policía Local lo reconoce como reincidente, le requisan los artículos robados y se redacta un informe en el que se deja constancia de la mercancía robada y su importe.

La Policía pide al comerciante que denuncie en la comisaría al día siguiente y éste así lo hace. Acude a la comisaría y tras formalizar la denuncia le citan para un juicio rápido al que le piden que lleve la citación y su DNI. El día del juicio, hacen esperar al comerciante hora y media y cuando le toman declaración le piden los tickets de los productos robados, lo que para De la Uz es un despropósito: ” Quién tiene el ticket de caja de un objeto robado?” Pues resulta que sin ellos “no había nada que hacer” y eso que los productos aún tenían la etiqueta de la tienda. Al día siguiente el comerciante volvió con las facturas de compra de esos productos, por si servían, pero el ladrón ya estaba libre. En resumen, “un montón de horas para nada, es como si se rieran de uno”.

Para De la Uz, la “impotencia” e “indefensión” del comerciante ante el delincuente es total: “Vas a juicios en los que el juez habla con los ladrones, llamándolos por su nombre, porque se conocen de hace tiempo, son reincidentes y aún así no hacen nada. Si yo no voy al juicio me multan, pero ellos casi nunca aparecen, todo es increíble”.

Una situación tan desesperante que los comerciante optan por no denunciar si los trastornos no son importantes. “Queremos denunciar la indefensión en la que vivimos, cada vez hay más robos, la mayoría cometidos por profesionales que actúan por encargo, pero la justicia no hace nada, la ineficacia es total”.

2.  El relato habla por si mismo, pero para Sevach se impone una reflexión más sobre sus implicaciones jurídicas. Si la norma sigue a las necesidades sociales, hay que dejarse de la pintoresca moda de los Observatorios (eufemismo políticamente correcto para despejar todo vestigio de vigilancia inquisitorial pública), y encarar reformas legales.

No hace falta ningún pomposo “ Observatorio” para captar  lo que el ciudadano siente cada día en sus propias carnes. Vejaciones grandes y pequeñas. Tiempos en que los propietarios de inmuebles se ven indefensos frente a los okupas. Tiempos en que no faltan empresarios sin escrúpulos que burlan los derechos de los trabajadores. Tiempos en que la policía local confiesa no poder frenar los abusos de gamberros que cobran a los niños por utilizar las canchas públicas. Tiempos en que los empresarios se quejan del abuso deliberado de la insolvencia para no pagar. Tiempos en que bandas del Este van de robo en robo y tiro porque me toca. Tiempos en que los traficantes de droga van dos pasos por delante de las medidas policiales. Tiempos en que las condenas por delitos urbanísticos y medioambientales son tan insólitos como un cachorro de dos cabezas. Tiempos en que los inmigrantes del top-manta se van a la cárcel por no poder pagar pequeñas multas. Tiempos en que la medida mas eficaz contra los graffitis es pagar para que los limpien. Tiempos en que los prebostes de gabardina escudados en resquicios legales escapan a la prisión y con el bolso lleno. Tiempos en que la corrupción política ha pasado de anécdota a deporte nacional de élite…

3. En definitiva, corren tiempos de debilidad para el Derecho Público que tutela la seguridad. En que las sanciones administrativas son mas temidas que las sanciones penales. En que el temor al mundo penal no es tanto a la condena final como a sufrir la prisión preventiva o la acusación (“pena de banquillo”). En que las penintenciarias se colapsan con pequeños delincuentes que, además, suelen ser los inquilinos habituales. En que las sentencias que anulan actos administrativos suelen representar meros rodeos en tiempo y trámites para que el político consiga llegar al mismo resultado.

4. Resulta curioso que a los afectados o víctimas de tales situaciones de “indefensión” (real, nada de palabrería) les resulte políticamente incorrecto endurecer las medidas de vigilancia, sanción o penalidades, pero cambian radicalmente de parecer cuando ellos mismos son las víctimas del expolio o actuación.

Sin embargo, algo debe cambiar en la legislación penal, penitenciaria y sancionadora. Bajo ningún concepto quiere Sevach cambiar el valioso sistema de libertades que disfrutamos (no debe pasarse jamás la barrera del “está permitido lo que no está prohibido” hacia el “está prohibido lo que no está permitido”). Sencillamente se trata de explorar el Derecho comparado de países europeos con democracia avanzada e “importar” su solución legal y procesal, evitando que los proyectos de reforma se enreden en el monstruo de trámites, audiencias, alegaciones, transacciones y apariencias en que parece haberse convertido el procedimiento legislativo español.

De ahí, que el regalo mas práctico de los Reyes magos sería hacer efectivo el derecho ya consagrado por aquélla Constitución americana de 1776 con bellísimas palabras: “ el derecho a la libertad, a la seguridad y a la búsqueda de la felicidad”. Debemos desear que el Parlamento ( con mayúsculas) se ocupe de buscar soluciones.

Para Sevach, no estaría de más orientar alguna reforma en línea de reforzar los trabajos sociales al estilo americano. En EEUU no importa el rango, condición, categoría o poder del sujeto condenado a colaborar con la comunidad: se le enfunda en un mono naranja y a recoger hojas, a limpiar lápidas o a sujetar una señal para que pasen los niños la calzada. En España, tales medidas son escasas y ha sido difícil su puesta en práctica bajo el fácil y liviano argumento sindical y municipal de que supone privar de trabajo a los ciudadanos de bien. Habrá que pensar sobre ello.

5. Mientras tanto, unos delincuentes son de guante blanco y se ven libres de todo mal gracias a sus abogados de alto standing. Otros delincuentes se benefician de conformidades estratégicas con la fiscalía, y bendecidas por el juez, para eludir la prisión (“firmando” condenas a dos años que “no se cumplen” con tal de no pasar tras las rejas). Otros se benefician de las grandes cifras de impunidad de los delitos en España porque el CSI es propio de telefilmes y los medios policiales y fiscales son lo que son ( eficaces pero insuficientes). Y finalmente, entre indultos, prescripciones y absoluciones, mil millones.

Lo dicho, deseemos un año con pocas leyes, pero mejor hechas y realmente eficaces. Es compatible la libertad con la seguridad. Leyes para la ciudadanía y no para la galería.