Dicen las malas lenguas que cuando se jubila un funcionario aumenta la eficacia de la Administración y que si se jubilasen todos estaría conseguida la plena Administración electrónica. Bajo tales apreciaciones subyacen prejuicios sembrados por Larra ( “Vuelva usted mañana”), abonados por las ingeniosas viñetas de Forges y avivados en tiempos de crisis.

1. Sobre los funcionarios en general, abundan los prejuicios y el cotilleo sobre su pereza, malhumor o su prepotencia. Sin embargo, la oveja negra que hay en todo rebaño no debe hacernos olvidar los miles de empleados públicos que, no solo cumplen con su jornada y su trabajo, sino que ofrecen una cara amable de la Administración a la que sirven.

2. Pues bien, hoy Sevach asistió al homenaje a Gabriel Castro (“Gabi”) un trabajador de la Administración autonómica, por su jubilación anticipada tras treinta años largos de servicio, como deben hacerse tales homenajes, en torno a una buena mesa ( “ El Yantar de Campomanes”, Oviedo) y mejor compañía, formada por un centenar de amigos, con variado pelaje: por su profesión ( funcionarios, profesionales, políticos, policías, profesores, periodistas, sacerdotes,etc); por su procedencia ( asturianos, leoneses, apátridas); por su relación con el homenajeado ( familiares, compañeros de trabajo, compadres de faenas de pesca, de Colegio Mayor, de correrías, etc). No estaban todos los amigos que lo son – hubiera hecho falta el Estadio Maracaná-, pero si  son amigos todos los que estaban.

Hubo palabras sentidas. Palabras de políticos, palabras de compañeros y palabras de amigos. Todas sinceras y justas con el personaje. Además no faltaron las anécdotas ni unos bellísimos ripios a cargo de la ingeniosa Pilar Sánchez Vicente, con su torrente de voz y festivo gracejo al servicio de un Gabriel embelesado. La comida abundante y sabrosa, y luego los regalos (entre los que no faltó un bastón y gorra, uniforme de jubilata completo). De postre un discurso cariñoso pronunciado por un emocionado Gabriel.

Disfrutando de las anécdotas del ex.Consejero de Cultura, Manolo de La Cera

Y de este modo festejamos el evento de la jubilación anticipada con el que el bueno de Gabriel pasa página al Libro de su Vida, cerrando un Capítulo de entrega a su labor al servicio de los jóvenes y tras una larga etapa en la Consejería de Juventud del Principado de Asturias, y lo hace “mirando hacia atrás sin ira”. Sin reproche alguno a una Administración que quizás no supo retribuir adecuadamente a quien se dejó la piel por ella; sin rencor hacia algún político aislado que cometió el error de practicar el “apartheid” con la persona equivocada; y sin considerarse explotado por horas de sacrificio sin cuento. Para él, me consta, todo sinsabor está compensado por la frase de gratitud de miles de jóvenes con sus padres o la complicidad diaria con sus compañeros.

3.Y así, aunque hay funcionarios (como trabajadores en empresas privadas) cuya jubilación no se nota en términos de servicio, lo cierto es que en el caso del homenajeado Gabi, ha sido el alma del servicio a la juventud del Principado de Asturias. Mochileros, curiosos, desorientados, alberguistas, estudiantes, excursionistas y padres preocupados han pasado por la mesa de Gabi y se han encontrado, en primer lugar, un rostro sonriente ( “quien no esboza una sonrisa no debería ser funcionario” dice un proverbio chino); en segundo lugar, un caballero ( “quien siendo funcionario no es un caballero, cuanto mas sepa peor”, decía Oscar Wilde); y en tercer lugar, un auténtico Macgiver de los asuntos públicos, o sea, alguien capaz de remover Roma y Santiago para dar  soluciones. Para ello, Gabi ha contado siempre con una virtud que le honra: una visión institucional que prima sobre las consideraciones particulares inspirada en tres reglas de oro: servir a la ciudadanía; colaborar con sus compañeros; y no dejarse seducir por la queja y algarada para obtener dineros y comodidades.

En definitiva, hay empleados públicos que dejan huella, y Gabi puede estar orgulloso de que ningún político de la última década se ha visto arropado en una despedida o jubilación tan cálida e integrada por tantas personas que, de forma tan sincera como sentida, le arroparon en ese evento. Sirva de ejemplo para quienes quieren ser funcionarios y de lección viviente para quienes los critican.

4. De este modo, la “sociedad civil”, los amigos ( hábilmente coordinados por Pipo como maestro de ceremonias y con la discreta complicidad de Maricha) ha suplido en el caso de Gabriel, la proverbial ausencia de actos institucionales de la Administración Pública ante las jubilaciones de sus empleados. Pues lo cierto es que la Administración Pública es un amo frío, que despacha jubilaciones con el mismo automatismo que estampa sellos oficiales. Un buen día alguien es Jefe de Sección y al día siguiente se convierte en simple “ciudadano” sin manguitos, rótulos ni niveles. Algunas Administraciones añaden una nota cruel regalando un reloj barato ( comprado por el procedimiento negociado bajo criterios inconfesables), o un libro institucional ( de los que reposan en los sótanos de los edificios públicos). Y  en la inmensa mayoría de las ocasiones el funcionario se limita a recoger sus cosas con la misma tristeza que el despedido de los telefilmes americanos recoge sus cosas del despacho y las mete en una caja de cartón.

Pero lo mas triste para Sevach es que, cuando alguien se jubila…nunca falta otro que en algún pasillo se regocija y piensa mientras se frota las manos…¡ Vaya, una vacante!