La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha condenado al juez Baltasar Garzón por un delito de prevaricación a once años de inhabilitación. La prevaricación consistió en ordenar las escuchas de las conversaciones de abogados con imputados del caso Gurthel.  Una noticia así admite múltiples perspectivas.

La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha condenado al juez Baltasar Garzón por un delito de prevaricación a once años de inhabilitación. La prevaricación consistió en ordenar las escuchas de las conversaciones de abogados con imputados del caso Gurthel.  Una noticia así admite múltiples perspectivas.

1.Una visión épica.

  La relación entre Luciano Varela, miembro de la Sala Penal del Tribunal Supremo, con el ahora condenado, recuerda la legendaria historia del Oeste de Patt Garrett y Billy el niño. Es sabido que Patt Garret era compadre de Billy el niño hasta que aquél asumió como representante de la Ley la persecución y acoso de su antiguo colega. En la película “ Pat Garrett y Billy the kid” ( San Peckinpah, 1973), le dice Patt a Billy cuando lo detiene: “Los tiempos están cambiando”, guiño del Director a la canción de Bob Dylan, cuya letra le viene como anillo al dado al caso Garzón: “Y el presente ahora/Será pasado después/El orden esta rapidamente desapareciendo/ Y los primeros ahora seran los ultimos después/Porque los tiempos estan cambiando”.

Al final, lo cierto es que la historia ha demostrado la simpatía hacia Billy el Niño pese a sus fechorías y la antipatía hacia Patt Garret pese a luchar encarnizadamente por la Ley.

2. Una visión jurídica.

Por encima de la fronda mediática y la fácil simplificación con mayúsculas, tendente a ofrecer el asunto como un nuevo caso Dreyfus, ni es víctima de un error al estilo del caso Saco y Vanzetti.  Hay que quitar la tinta del calamar y dejar claras varias cuestiones objetivas indiscutibles:

-       La condena la emite un órgano jurisdiccional y no un Jurado. Y aunque algunos dirán que un Jurado lo hubiese absuelto, no olvidemos que un Jurado es precisamente quien ha absuelto a los principales protagonistas del caso Gurthel.

-       La condena la emite la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, o sea, el máximo órgano en categoría y cualificación de España. No es el Juez de lo Penal de Villacuernos.

-       La condena ha sido pronunciada por unanimidad. O sea, no hay votos particulares que puedan sembrar dudas razonables.

-       El procedimiento ha estado jalonado de garantías. La luz mediática ha obligado a extremar las garantías de máximos.

-       El procedimiento procesal penal está inspirado en la presunción de inocencia, con lo que ha tenido que existir prueba suficiente y contundente para emitir el veredicto condenatorio. Pensemos que no se ha seguido el modelo de la decisión arbitral del ciclista Contador, donde se le ha condenado por el esperpento jurídico de no haber podido probar su inocencia. El juez Garzón ha tenido un juicio justo y las pruebas han desvirtuado la presunción de inocencia.

3. Una visión serena.

Hay que dejar claro que la condena no es por ser simplemente “juez”. No es por  ser “Garzón”. No es una represalia por sus éxitos.

No. La condena no es por ser paladín de los pobres o molesto para indignos. No. Se le ha juzgado ahora y  condenado, lisa y llanamente, por haber quedado claro si por su condición de Juez de la Audiencia Nacional sabía o debía saber que escuchar las conversaciones de los abogados con sus clientes solo era posible en caso de delitos terroristas y con autorización por el órgano competente. ¿Lo sabía?. Pues como no se trataba de un juez de paz de Villacuernos ni de un juez sustituto, ni de un juez novato, sino de un Juez veterano y experimentado, y además curtido trabajando en el portaviones penal que es la Audiencia Nacional, es fácil concluir que conocía tan elemental extremo. Y  si optó por saltarse la norma (que la sabe cualquier “chorizo”, policía o cinéfilo), la conclusión de la condena penal va de suyo.

En otras palabras, Farruquito podría ser un artista pero al atropellar a alguien bajo los efectos del alcohol tuvo que ser condenado. Y si Garzón hizo muchas cosas buenas, eso no es un salvoconducto ni una patente de corso para saltarse las normas procesales, y no por un simple problema de formas, sino nada más ni nada menos, por haber atropellado  las garantías de un imputado en la relación con su abogado.

Basta pensar la energía que hubiere aplicado el propio Garzón si tuviere que instruir un caso frente a  un juez que hubiere hurtado el derecho de comunicaciones del abogado con los detenidos. Al propio Garzón se le ha respetado ese derecho de comunicación con su abogado y a ningún juez en su sano juicio se le ocurriría “cotillear” tales conversaciones so pretexto de posible comisión de delitos.

Decía el filósofo Pascal que bastaba cambiar tres grados de latitud para que lo justo fuera injusto o  a la inversa, pero el secreto de comunicaciones entre detenido y letrado es la garantía universal de todo los Estados democráticos ( da igual la latitud y la longitud), hasta el punto de que notoriamente los telefilmes muestran esa sagrada confidencialidad, pues sin ella, el Juez pasa a ser Inquisidor, y el imputado a sufrir una condena anticipada.

El problema por tanto no ha sido de fines ( si pretendía averiguar posibles circunstancias de tramas o delitos) sino de medios. Y el consejo de Maquiavelo (“el fin justifica los medios”) es para los políticos, no para los jueces.Un croupier no debe hacer trampas en la mesa de póker ni un juez debe saltarse las normas que debe garantizar.

4. Una visión futurista.

No hace falta una bola de cristal para ver una Sala de lo Penal del Tribunal Supremo sufriendo injustamente  un estigma propio de “El crimen de Cuenca” del que le costará décadas recuperarse.

Tampoco hacen falta muchas luces para saber  que el Sr.Garzón sabrá ganarse la vida y rentabilizar su condena “hacia el infinito y más allá”.  Y ello, tanto en la dimensión mercantil privada, como en la dimensión pública pues no faltarán organizaciones internacionales o Estados que reclamen sus servicios.

Quedan otros dos procesos pendientes, y bien está que la opinión pública sepa porqué, quién y cómo se condena al Sr.Garzón. En su día dediqué a ” Don Garzón y Doña Prevaricación, extraña pareja” un post , e incluso me atreví a opinar sobre la ética de los jueces en otro post mas remoto.

Con todo lo expuesto, no pretendo convencer a nadie sino ofrecer mis puntos de vista y como dicen los evangelios memorizados de mis tiempos de monaguillo “Quien tenga oídos para oír, que oiga./Quien tenga ojos para ver, que vea”.


1.Una visión épica.

  La relación entre Luciano Varela, miembro del Tribunal Supremo, con el ahora condenado, recuerda la legendaria historia del Oeste de Patt Garrett y Billy el niño. Es sabido que Patt Garret era compadre de Billy el niño hasta que aquél asumió como representante de la Ley la persecución y acoso de su antiguo colega. En la película “ Pat Garrett y Billy the kid” ( San Peckinpah, 1973), le dice Patt a Billy cuando lo detiene: “Los tiempos están cambiando”, guiño del Director a la canción de Bob Dylan, cuya letra le viene como anillo al dado al caso Garzón: “Y el presente ahora/Será pasado después/El orden esta rapidamente desapareciendo/ Y los primeros ahora seran los ultimos después/Porque los tiempos estan cambiando”.

Al final, lo cierto es que la historia ha demostrado la simpatía hacia Billy el Niño pese a sus fechorías y la antipatía hacia Patt Garret pese a luchar encarnizadamente por la Ley.

2. Una visión jurídica.

Por encima de la fronda mediática y la fácil simplificación con mayúsculas, tendente a ofrecer el asunto como un nuevo caso Dreyfus, ni es víctima de un error al estilo del caso Saco y Vanzetti.  Hay que quitar la tinta del calamar y dejar claras varias cuestiones objetivas indiscutibles:

-       La condena la emite un órgano jurisdiccional y no un Jurado. Y aunque algunos dirán que un Jurado lo hubiese absuelto, no olvidemos que un Jurado es también quien ha absuelto a los principales protagonistas del caso Gurthel.

-       La condena la emite la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, o sea, el máximo órgano en categoría y cualificación de España. No es el Juez de lo Penal de Villatortas.

-       La condena ha sido pronunciada por unanimidad. O sea, no hay votos particulares que puedan sembrar dudas razonables.

-       El procedimiento ha estado jalonado de garantías. La luz mediática ha obligado a extremar las garantías de máximos.

-       El procedimiento procesal penal está inspirado en la presunción de inocencia, con lo que ha tenido que existir prueba suficiente y contundente para emitir el veredicto condenatorio. Pensemos que no se ha seguido el modelo de la decisión arbitral del ciclista Contador, donde se le ha condenado por el esperpento jurídico de no haber podido probar su inocencia.

3. Una visión serena.

Hay que dejar claro que la condena no es por ser simplemente “juez”. No es por  ser “Garzón”. No es una represalia por sus éxitos.

No. La condena no es por ser paladín de los pobres o molesto para indignos. No. Por lo que se le ha juzgado ahora y  condenado es lisa y llanamente si por su condición de Juez de la Audiencia Nacional sabía o debía saber que escuchar las conversaciones de los abogados con sus clientes solo era posible en caso de delitos terroristas y con autorización por el órgano competente. ¿Lo sabía?. Pues como no se trataba de un juez de paz de Villatortas ni de un juez sustituto, ni de un juez novato, sino de un Juez veterano y experimentado, y además trabajando en el portaviones penal que es la Audiencia Nacional, es fácil concluir que conocía tan elemental extremo. Y  si optó por saltarse la norma, la conclusión de la condena penal va de suyo.

En otras palabras, Farruquito podría ser un artista pero al atropellar a alguien bajo los efectos del alcohol tuvo que ser condenado. Y si Garzón hizo muchas cosas buenas, eso no es un salvoconducto ni una patente de corso para saltarse las normas procesales, y no un simple problema de formas, sino nada más ni nada menos, que las garantías de un imputado en la relación con su abogado.

Basta pensar la energía que hubiere aplicado el propio Garzón si tuviere que instruir un caso en que un juez hubiere hurtado el derecho de comunicaciones del abogado con los detenidos. Al propio Garzón se le ha respetado ese derecho de comunicación con su abogado y a ningún juez en su sano juicio se le ocurriría “cotillear” tales conversaciones so pretexto de posible comisión de delitos.

Decía Pascal que bastaba cambiar tres grados de latitud para que lo justo fuera injusto o  a la inversa, pero el secreto de comunicaciones entre detenido y letrado es la garantía universal de todo los Estados democráticos ( da igual la latitud y la longitud), hasta el punto de que notoriamente los telefilmes muestran esa sagrada confidencialidad, pues sin ella, el Juez pasa a ser Inquisidor, y el imputado a sufrir una condena anticipada.

El problema por tanto no ha sido de fines ( si pretendía averiguar posibles circunstancias de tramas o delitos) sino de medios. Y el consejo de Maquiavelo (“el fin justifica los medios”) es para los políticos, no para los jueces.

4. Una visitón futurista.

No hace falta una bola de cristal para ver una Sala de lo Penal del Tribunal Supremo sufriendo injustamente con un estigma propio de “El crimen de Cuenca” del que le costará décadas recuperarse.

Tampoco hacen falta muchas luces para saber  que el Sr.Garzón sabrá ganarse la vida y rentabilizar su condena “hacia el infinito y más allá”.  Y ello, tanto en la dimensión mercantil privada, como en la dimensión pública pues no faltarán organizaciones internacionales o Estados que reclamen sus servicios.

Quedan otros dos procesos pendientes, y bien está que la opinión pública sepa porqué, quién y cómo se condena al Sr.Garzón.