Al igual que lamentablemente muchos inician sus vacaciones al volante ajenos a la ruleta fatal de los accidentes de tráfico que pueden convertir el paraíso vacacional en un infierno, infinidad de personas pueden encontrar en las piscinas desde graves contratiempos a fatales desgracias.
Hay factores que pueden explicar el fenómeno:
a) El incremento de las temperaturas vinculado al calentamiento global;
b) El aumento de demanda social de piscinas unido al correlativo deseo municipal de agradar al electorado;
c) La rentabilidad para la economía doméstica de tal servicio de piscina, cuyo coste/ hora es sensiblemente inferior a prácticamente cualquier otra actividad ociosa distinta de la simple siesta estival.
La otra cara de la moneda viene dada por la esfera de incertidumbre en este ámbito. En el ámbito cuantitativo, ya que tales piscinas están abiertas a afluencia masiva y elástica en función de la temperatura, lo que dificulta la dotación de personal socorrista o de vigilancia proporcional a la real clientela del servicio, máxime cuando resulta impronosticable si asistirán mayor o menor número de menores o con mayor o menor pericia. En el ámbito cualitativo, la incertidumbre deriva de que la actividad de disfrute de la piscina queda en manos del usuario quien es dueño de la forma, intensidad y práctica de la misma.
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