El fenómeno del botellón, como reunión de adolescentes en espacios públicos para beber desaforadamente todo tipo de alcoholes, y que desemboca en algaradas descontroladas, con ruido ensordecedor y suciedad desparramada, no tiene quien le regule. Además los problemas de orden público no faltan, siendo ejemplo terminal los recientes y graves enfrentamientos de la juventud con la policía en el municipio de Pozuelo de Alcorcón.
El Estado sigue la política del avestruz, dejando en manos de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos la solución. Las Comunidades Autónomas en unos casos prohiben el consumo de alcohol en espacios públicos, en otros optan por habilitar “botellódromos”, y en otros “no saben, no contestan”. Los Ayuntamientos mas osados aprueban Ordenanzas rigurosas y los mas prudentes dejan que los problemas se solventen por sí mismos.
1. De un lado, lo políticamente correcto impone creerse que los jóvenes son angelicales, que no van a pagar justos por pecadores, y que el botellón es una especie de manifestación expresiva. Por eso, los políticos no apoyan leyes u ordenanzas que puedan reportarles acusaciones de intolerantes.
2. De otro lado, lo jurídicamente correcto supone garantizar el respeto de los derechos de todos. El derecho de todo ciudadano a usar de los espacios públicos de forma tranquila. El derecho del contribuyente a que los servicios de urgencia sanitarios no se colapsen con adolescentes con exceso etílico. El derecho del viandante a no tropezar con un ciclomotor errático con jovencito ebrio. El derecho del vecino a no pisar vómito en su paseo. El derecho de los policías a no soportar bravocunadas de niñitos y niñitos. El derecho de los padres a no vivir en vilo mientras llega su hijo. El derecho de los padres a que el efecto de la manada no convierta a sus hijos en ambulatorios de pastillas, y en definitiva, el derecho del menor a que pueda disfrutar con arreglo a la riqueza de horizontes que ofrece el siglo XXI y no según los aquelarres del siglo XV.
3. La necesidad de actuar deriva de los fríos pero escalofriantes datos estadísticos:
- Sólo en Madrid, medio millón de jóvenes entre 15 y 19 años se emborrachan habitualmente los fines de semana.
- A los 11 años, el 3,5 % de los niños ha probado ya el alcohol.
- Entre los 14 y 18 años, 3 de cada 4 consumen alcohol. El 15 % todos los días. El 40 % se ha emborrachado alguna vez. El 28 % reconoce haber tenido algún problema por el consumo de alcohol (salud, riñas, conflictos familiares, peleas,…).
- Hacia los 15 años se producen los mayores incrementos en el consumo. Los mayores problemas de adicción se dan entre los 25 y 35 años.
– El alcohol se lleva el 16 % del gasto sanitario.
4. Por ello, Sevach postula que ese fenómeno del “botellón” debe tener respuesta uniforme y no dejar que cada Ayuntamiento o Comunidad Autónoma actúe como le venga en gana. No se entiende que en Asturias esté prohibida la venta del alcohol a menores de 16 y que la edad exigida en el resto de las Comunidades se cifre en los 18. No puede ser indiferente que en Extremadura se prohiba el consumo de alcohol en espacios públicos y que en algunos municipios de Andalucía se habilite un botellódromo para tales orgías etílicas.
Está en juego nada menos que la educación de la juventud, la seguridad pública y la gestión sanitaria, y por ello, las reglas deben ser uniformes en todo el Estado. Está comprobado que cuanto mas pequeño el Ayuntamiento o la Comunidad menores ganas tiene para adoptar medidas impopulares que controlen el fenómeno.
5. Especialmente certera le resulta a Sevach la sentencia dictada por la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía de 29/10/2001 (rec.949/1998) que condena la inactividad del Ayuntamiento de Sevilla en la adopción de medidas contra el “botellón” y le obliga a adoptar las medidas que impidan el consumo de bebidas alcohólicas fuera de los establecimientos, la utilización de aparatos musicales que sobrepasen los límites de emisión permitidos, facilitando la libre circulación de los vecinos. Escuchemos tan magnífica sentencia:
“Ahora bien, no estamos enjuiciando aquí a los padres, educadores, a la Sociedad, sino revisando una inactividad de la Administración Municipal denunciada por los vecinos afectados en una concreta zona de movida y particularizada en tres cuestiones relativas a impedir el consumo de bebidas alcohólicas en la calle, la utilización de aparatos musicales de gran potencia en la calle o fuera de ella, control de ruido de motocicletas y facilitar la circulación de los vecinos a pie y en vehículo a sus domicilios.
Siendo plausibles todas las medidas legislativas, las encaminadas a paliar los efectos nocivos, las preventivas educativas y alternativas que ponen de manifiesto la voluntad municipal de hacer frente al problema, la prueba practicada en estos autos -testifical y emisión de informes de la actuación de la policía municipal- ponen de manifiesto que la permisividad por una parte y la inactividad municipal por otra contribuyen a las molestias y ruidos que impiden el descanso de los vecinos de la zona. En efecto no basta con regular mediante las oportunas ordenanzas la protección del medio ambiente, la prohibición de venta de alcohol fuera de los establecimientos que tengan licencia para ello, la limpieza en los lugares públicos, sino que con los medios adecuados hacer efectivas dichas Ordenanzas impidiendo se sobrepasen los límites de emisión de ruidos procediendo al cierre de los establecimientos que lo incumplan e incluso dispersando las concentraciones de jóvenes cuando se sobrepasan dichos límites. No se trata de ejercer una represión policial, sino dentro de los límites de dicha función denunciar una y otra vez las infracciones administrativas, incomodar y disuadir sin descanso a los jóvenes en sus comportamientos y no favorecer mediante cortes de tráfico y vallas dichas concentraciones porque los derechos de los jóvenes a expresarse y reunirse encuentran sus límites en los derechos de los demás ciudadanos a la libre circulación, al descanso y a la propia vida entendida en un sentido amplio no sólo fisico, que se ven menoscabados al no adoptar la Administración demandada las medidas adecuadas y suficientes para paliar al menos en parte los efectos negativos concretados en el presente proceso.
SEXTO.- Estimando la Sala que se pueden adoptar medidas control adecuadas para evitar el ruido, la venta de bebidas alcohólicas en la calle, la utilización de aquélla como urinario público, los daños al espacio público y sus elementos, y permitir la libre circulación de personas y vehículos, como es una dotación policial adecuada que exija en todo momento el cumplimiento de cuantas normas y Ordenanzas estén vigentes en sus estrictos términos, el recurso debe ser estimado porque a la Administración le incumbe en su función de policía el cumplimiento del deber de vigilancia de horarios de cierre, emisión de ruidos de bares, vehículos, etc. y de lo actuado se deduce cierta inactividad que perjudica indudablemente a los vecinos de la zona que han de soportar la incomodidad de acceso a sus viviendas, exceso de ruidos que impiden el descanso nocturno y otras molestias que no tienen el deber jurídico de soportar y que se pueden paliar, si la Administración en el ámbito de su competencia no hace dejación de su función y adopta cuantas medidas sean necesarias para exigir el cumplimiento de la Ley haciendo posible que el ejercicio de un derecho por parte de un sector de la población no menoscabe los derechos de los vecinos de la zona en la que se concentran. Ciertamente dichas medidas resultan impopulares y pueden tener un coste electoral por parte del sector afectado pero no hay que olvidar que la Administración como proclama el artículo 103 de la Constitución debe servir con objetividad los intereses generales con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho así como o a los fines que la justifican (artículo 106 de la Constitución)”.
6.Por otra parte, y en cuanto al contenido de las medidas, hay que desechar las opciones radicales. Ni la “ley seca” (prohibir a los menores portar, comprar, consumir alcohol o hallarse ebrios en la vía pública o en locales públicos o privados) ni la “ley marcial” (prohibir a los menores salir por la noche de los fines de semana, como implantó una ordenanza de un municipio canario y que tuvo que ser rápidamente retirada). La juventud admite que se la apriete pero no que se la ahogue; recordemos la frase de la célebre película ” La Naranja Mecánica” ( basada en novela de idéntico título de Antony Burguess) que es puesta en boca del capellán de la cárcel donde el joven rebelde va a ser sometido a un brutal tratamiento para anular su tendencia delictiva: “Dios prefiere al hombre que elige hacer el mal, antes que al hombre que es obligado a hacer el bien “.
Se trata de algo mas sencillo. La mayoría de los Estados de Europa no tienen este problema, y seguramente tienen la solución, sin que pueda ningún grupo de bárbaros esgrimir que se justifica el botellón en la tradición o cultura hispana.
7. Y si no sirve importar de otros Ordenamientos la solución al problema, pues la imaginación al poder. Al fin y al cabo, políticos y funcionarios cobran por buscar soluciones a los problemas públicos. El problema parece radicar en que a los jóvenes todo les da igual. Las campañas de concienciación les tienen sin cuidado. Las amenazas no surten efecto. No pagan las sanciones, el reproche va a sus padres, y además no pueden imponérsele privaciones de libertad.
Por ello, a título de ejemplo, a Sevach se le ocurren tres medidas concretas, que precisarían de la lógica habilitación legal. Lo que no es de recibo es tener un fenómeno social grave sin regulación específica uniforme.
Una propuesta concreta consistiría sencillamente facultar a la policía local para la confiscación inmediata y destrucción de las botellas o recipientes que contengan alcohol y que sean porteados o estén en posesión de menores de edad, sea en pleno botellón o “in itinere” (ya que el aprovisionamiento al atardecer en supermercados y expendurías es notorio). Además la confiscación debería extenderse incluso a los aparatos musicales que suelen acompañar estas libaciones. Ahí les duele. No se trata de una sanción sino sencillamente de acabar con el pirata quitándole el barco…y el ron.
Una segunda propuesta partiría por eliminar ciertos ámbitos donde se siembra y alimentan estas libaciones. Se trata de las Universidades, que cuentan con campus extensos y con la debilidad de sus rectores para no ser tildados de carcas, y que con ocasión de festejos de patronos, Colegios Mayores, Facultades o similares, prestan o toleran el uso de tales territorios para escandalosos botellones, donde se apuntan los alumnos, preferentemente de los primeros cursos que acaban de estrenar su mayoría de edad, pero a los que se incorporan por el efecto llamada de la “movida” los que no son alumnos universitarios y son menores de edad, pero que se ven atraídos por el glamour universitario y el ejemplo de sus mayores. Prohibir por ley tales usos, y sustraer a la benevolencia universitaria la disponibilidad de tales espacios serían decisivo. En la misma línea, para el caso de Ayuntamientos tolerantes deliberadamente con el uso de sus espacios públicos para multitudinarios botellones, debería regularse la posibilidad de recortes en la financiación estatal o medidas coercitivas equivalentes por parte de la Administración del Estado y/o la Comunidad Autónoma.
Otra propuesta mas original partiría de recordar que el carné por puntos erradicó el consumo de alcohol de los adultos al volante, con lo que no sería descabellada la existencia de un Registro de jóvenes menores de edad que fueren infractores reincidentes por la práctica del botellón; bastaría con que cada municipio actuase identificando a los partícipes en los casos extremos ( por su intensidad, alboroto, duración o altercados). No se trataría de penalizar una reunión de grupo en torno a un caldero de cerveza sino de reprimir las aglomeraciones descontroladas o masivas, y apuntando a los cabecillas. Una vez identificados se remitiría a un Registro Central gestionado por el Estado, donde sencillamente la constatación de tres anotaciones en un plazo de un año determinarían la posposición de la obtención del permiso de conducir vehículos hasta los veinte años. El reincidente hasta los veintidós, y así sucesivamente. De este modo, apuntando a lo único que ilusiona y motiva a los jóvenes (contar con un vehículo propio y conducirlo cuanto antes mejor) sería la manera en que los menores de edad captarían el mensaje y se cuidarían muy mucho de beber de forma grupal en espacios públicos. Problema resuelto. Y además no hay desviación de poder público pues es razonable que quien antes de los 18 años ha mostrado una propensión a una personalidad con debilidad por el alcohol y conductas de desprecio a las normas de convivencia, no merece disponer de un vehículo cuyo manejo comporta riesgos para terceros.
8. En definitiva, si se quiere, se puede. El botellón, y lo que comporta, no es el apocalipsis, pero marca un camino sembrado de peligros. De seguir así, cada vez resulta mas próxima una juventud con la manera de pensar del joven protagonista desencantado de la película ” Trainspotting” (Danny Boyle, 1996), el cual expresa su idea en un durísimo monólogo en off:
” “Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige buena salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige hipoteca a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que emboban la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”