Estudiad, estudiad, malditos
Estos días se hacen públicas las admisiones de estudiantes a los estudios de Licenciatura en Medicina. De la zozobra se pasa a la alegría o al rechinar de dientes. Las pasadas pruebas de aptitud para acceso a la Universidad han tenido en vilo a un numeroso grupo de aspirantes a cursar la Licenciatura en Medicina, luchando por obtener la máxima nota posible que se lo garantizase. La situación recuerda la célebre película de Sydney Pollack , “ Danzad, danzad, malditos”, que muestra un maratón de baile en la dorada California, en la época de la depresión (1930) en que el premio se concede a quienes aguanten mas tiempo bailando en pareja, con lo que los participantes se dejan la piel para ganar el concurso, con ataque al corazón de finalista incluido. [...]












De acuerdo con el mandato de la Ley 4/2007, de 13 de Abril de Universidades (mas conocida como LORU) el Gobierno disponía de un año para aprobar el Estatuto del estudiante. A finales de Enero de 2009 el Ministerio de Ciencia e Innovación salió del letargo e hizo público el Borrador del citado Estatuto. Pues bien, aunque se dice que las prisas son malas consejeras en este caso la lentitud ha sido nefasta a la vista del resultado.
El Tribunal Superior de Justicia de Valencia ha confirmado una sentencia del Juzgado Contencioso-Administrativo por la que se condena a la Universidad de Valencia a la aplicación del control horario al profesorado universitario. Parece ser que el sindicato recurrente planteó la cuestión de la discriminación en el sistema de control, que para el personal de administración y servicios requería firmas o fichajes y en cambio para el profesorado universitario era inexistente. Ahora el control deberá ser mas democrático: o todos o ninguno. 

Suele decirse que el mejor abogado es el que no ha estudiado Derecho (quizás por eso el legendario juez Marshall tiene su nombre escrito con letras de oro en la historia del Derecho, ya que no estudió Leyes). Curiosamente, hoy día pululan por oficinas y cargos públicos y privados, infinidad de personas que hinchan el pecho como poseedores de una titulación universitaria, que como tan flamante como engañosa. Viene al caso por la 





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