Quince momentos de perplejidad para el abogado

gato sorprendido Como en todas las profesiones, hay abogados sanguíneos e irreflexivos, pero  el modelo común consiste en persona serena, sensata e imperturbable que escucha atentamente al cliente, que diseña la estrategia y que acude a los Tribunales con la seguridad de Alejandro el Magno.

 Sin embargo, bajo la perspectiva contencioso-administrativa, hay momentos en que el abogado se queda patidifuso y  se ve obligado a adoptar una cara de póker mientras en su interior bullen sentimientos alterados. Veamos.

Cuando se rompe el amor entre abogado y cliente

Abogado

La reciente noticia de que el trapacero Bárcenas cambiaba de abogado, o mas bien que éste cambiaba de cliente, por “pérdida de confianza”, o “discrepancia profesional”, impone una reflexión sobre las causas por las que la relación de cordialidad y solidaridad entre abogados y clientes, al inicio de la contienda judicial, se trunca en algunas ocasiones a lo largo de su desarrollo, en desconfianza y tensión. Así, no es infrecuente que la relación que se inició con un enérgico estrechón de manos entre cliente y abogado, seguido de trasiego de papeles y confidencias quede convertida en declaración de hostilidades y portazo. Veamos.

No se convierta en su propio abogado

abogadoDicen en EEUU que quien se defiende a si mismo tiene por cliente un tonto. Yo no diría tanto pero resultaría imprudente olvidarse de que las visiones parciales e interesadas obnubilan la razón, por la humana tendencia a imponer su punto de vista por encima de las reglas de juego procesal, que el común de los ciudadanos no entiende y se negará a comprender.

La ofuscación no es el mejor camino para la victoria judicial, y no hay mejor “cámara de enfriamiento” que exponer el caso a un profesional y que éste lo examine con serenidad y realismo y sepa desvelarle e incluso convencerle de algunas verdades amargas como medicinas pero que curan: que a veces una retirada es una victoria; que quizás no merece la pena luchar por el fuero en vez de por el huevo; que las ruedas de las leyes pueden no ir por la misma senda que las de la justicia; que quizás el desenlace del litigio pondrá en las espaldas del cliente en vez de uno, dos o mas problemas…; en fin, que la opinión de un tercero nunca daña y solo puede beneficiar, y sobre todo, depositar la defensa judicial en otra persona, será garantía de alivio y tranquilidad mental.

Un nuevo pavo real: las boutiques de los abogados

boutique de abogadosConfieso que me costó acostumbrarme a llamar restauradores a quienes regentan restaurantes pero mas llamativa me resulta la calificación utilizada por algunos pretenciosos bufetes de abogados como “boutiques de derecho”.  En los últimos años tal expresión va ganando adeptos no solo en sus tarjetas de presentación (business card, las llaman), sino en sus anuncios profesionales, directorios de abogados o foros jurídicos, e incluso la prensa económica. Subyace en esta práctica un narcisismo ansioso por rodearse de la aureola de “aristocracia del derecho”, ofreciendo esa denominación como rasgo que advierte de unos servicios propios de las tradicionales boutiques, o sea, servicios selectos, de lujo y no para cualquiera.

 

 Lo de “despacho” les queda lejos, lo de “bufete” les queda corto, pero lo de “boutique” no solo es un galicismo mas chic, sino que les da un toque internacional y de modernidad que hace un guiño a los competidores y clientes sobre su oferta de servicios jurídicos caracterizados supuestamente por abogados de alto standing, especializados, comprometidos y eficaces. Normalmente el cliente, tras ser atendido por personal de cortesía, asiste a una puesta en escena magnífica cuando el abogado estrella se ofrece tan deslumbrante como Cleopatra ante Julio César envuelta en una valiosa alfombra y desenrrollada a los pies del romano.

Cuidado con los abogados caraduras


¿ Qué tienen en común un abogado caradura de vacaciones como huésped gorrón y ese mismo  abogado trabajando en su bufete? . Pues que en ambos casos no hacen nada de nada y acaban con la paciencia de quien de buena fe confió en ellos. Esto viene al caso, tal como reflejé en un artículo en el diario La Nueva España, porque paseando por una playa llanisca tropecé con dos conocidos, quienes aprovechando el frágil lazo afectivo de coincidir en la bajamar y en bañador, cometieron la herejía de hablarme de Derecho en tan maravilloso paisaje. Como si se tratase de dos velocirraptores ( saurios popularizados por la película “Parque Jurásico” que atacan por parejas) se centraron en los males de la Justicia y en particular se cebaron en sus respectivos abogados ya que en ambos casos ( un litigio de herencias y otro de responsabilidad médica) no les informaban del estado del litigio y se limitaban a dar largas y rodeos que evidenciaban un total desinterés u holgazanería de los letrados.

Se trata de una situación patológica ya que lo normal es que los abogados, como la mayoría de los profesionales, mantengan una relación de lealtad y buena fe con sus cliente, y que le informen del pleito para lo bueno y para lo malo. Sin embargo, a quien le toca en “desgracia” un picapleitos en el peor sentido de la palabra, se siente como un enfermo abandonado en un hospital, sin mejorar y sin conocer el diagnóstico, el tratamiento y la fecha de alta.

¿Dónde vas querulante, dónde vas triste de ti?

Parece un vodevil judicial pero es real. Un individuo plantea una querella; el Juzgado de Instrucción inadmite la querella; formula dos recursos sucesivos frente a dicho auto que son desestimados; plantea incidente de nulidad de actuaciones que es desestimado y formula recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional que es inadmitido.

Toma aire, respira hondo, y a renglón seguido, reclama indemnización por daños y perjuicios al Ministerio de Justicia porque el auto inicial de inadmisión de su querella aludía a la personalidad del recurrente como ” querulante”, expresión que daña su honor y dignidad, cifrando el daño en 380.000 euros; frente a la desestimación de tamaña reclamación recurre ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional que lo desestima y finalmente recurre ante el Tribunal Supremo, que por la recientísima sentencia de 13 de Abril de 2011 (rec.5829/2006) lo desestima.

Abogados desapoderados y judicialmente desesperados

Lo normal es que un abogado no se defienda a sí mismo ( teniendo presente la conocida máxima americana: “ el que se defiende a sí mismo tiene por cliente a un tonto”, por aquello de que hay que distanciarse del problema para encararlo con objetividad, realismo y en toda su dimensión ). Si a ello unimos, parafraseando una comedieta española “que los pleitos son cosa seria”, es lógico que si el abogado actúa en nombre o por cuenta de otra persona, el Ordenamiento jurídico imponga la necesidad de acreditarlo ante los tribunales, no vaya a ser que alguien salga trasquilado de un pleito sin enterarse.

Pues bien, un reciente fallo del Tribunal Constitucional (Sentencia 17/2011, de 28 de febrero de 2011) aborda la cuestión de las exigencias para que un abogado pueda sustituir a otro abogado el día de la vista del procedimiento abreviado contencioso-administrativo, en caso de que el sustituto no cuente con representación formal alguna del cliente. La cuestión no es puramente teórica ni extravagante, sino de gran transcendencia ya que una actitud judicial formalista puede llevar a dar el portazo de la inadmisión a un recurso formulado por un abogado, so pretexto de que el mismo carece de designación expresa y nominal en la demanda, ni de poder notarial o apoderamiento equivalente otorgado por el representado.

Una nueva plaga: el gorrón de abogados

Nunca ha estado tan presente la Administración en nuestras vidas como hoy día.. Una sanción de tráfico, un impuesto de bienes inmuebles, un acta de la inspección de trabajo, un permiso de armas, una calificación académica, una oposición, una expropiación,  una denuncia vecinal por ruidos…siempre habrá motivo para recordar esa persona que es abogado y que bajo la bandera de una supuesta amistad, poder atacarle a quemarropa y conseguir su consejo o dictamen de forma rápida y sobre todo, gratuita.

Y por supuesto que no hablo de los amigos íntimos ( fáciles de identificar pues basta preguntarse si irían a tu propio funeral realmente compugidos). Se trata del fenómeno de quienes se autocalifican de amigos ( e incluso simples conocidos) que ante la crisis económica, incrementan la legión creciente de gorrones jurídicos, dispuestos a parasitar al abogado que como profesional, vive de su trabajo y su tiempo vale dinero.

Demandas curiosas o extravagantes en materia contencioso-administrativa

Una demanda soporta todo. Pedir mucho, pedir poco, con razón o sin razón. Las demandas no se ponen coloradas y en el ámbito contencioso-administrativo el riesgo de una condena en costas por temeridad es remoto y en el peor de los casos, económicamente asumible. Es fácil poner en marcha la maquinaria de la justicia con su secuela de protagonistas ( demandante, demandado, codemandados, jueces y secretarios, fiscales, procuradores, abogados, oficiales,etc) articulada en torno a múltiples documentos ( escritos, electrónicos,etc) o actuaciones ( vistas orales, conclusiones, etc). Por eso, me gustaría reflejar algunos casos llamativos por los términos de la demanda. Pues bien, comenzaré enumerando los siguientes de los que he tenido conocimiento muy directo y que son rigurosamente ciertos:

Abogado que se duerme, se lo lleva la corriente

Un abogado es un artesano del derecho, y como tal, ha de realizar su trabajo con dedicación, calma, habilidad y sabiduría. Pero la vida forense está inmersa en una vorágine donde falta tiempo para todo, y si los plazos apremian, algunos abogados sucumben a la tentación de preparar su recurso de apelación o recurso de casación ante los tribunales contencioso-administrativos con un “corta y pega” de la demanda ( o contestación) del pleito de la instancia. Al fin y al cabo, si un primer tribunal no le dio la razón, habrá que volver a darle el mismo texto al segundo tribunal para que sí lo haga. A ver si este lo lee y lo entiende.

El problema viene dado por el rigor con que los Tribunales de segunda instancia (el Tribunal Supremo para los recursos de casación o Tribunal Superior de Justicia para los recursos de apelación), examinan tales recursos, de manera que cuando se percatan de que son una mera repetición, sin crítica alguna de la sentencia original, despachan de plano tales recursos e imponen las costas.

O sea, en los recursos judiciales, “hay que renovarse o morir”, o mas bien, hay que hacer un esfuerzo de análisis de la sentencia que se pretende recurrir, así como de síntesis de los motivos para recurrir, y envolverlo todo ello en un escrito de apelación o de casación que ofrezca frescor, precisión y convicción. Vino viejo en odres nuevos.

Las castas de abogados penalistas


Al hilo de la reciente noticia de que el abogado Javier Guisasola asumía las acciones penales frente al Gobierno español en nombre de varios belgas de origen marroquí por el supuesto maltrato de la policía española, se han producido las entrevistas al citado abogado.

Sevach confiesa que no había oído hablar de tan eminente letrado. De igual modo que tampoco había oído hablar de la empresaria Carmen Lomana hasta que los medios de comunicación la sacaron al estrellato farandulero. Lo llamativo y que ha merecido una reflexión veraniega ha sido la circunstancia de que el Sr.Guisasola cuenta con 45 años, un jet privado que le mueve a todas partes, ha sido posiblemente contratado por la familia real marroquí y además esgrime unas minutas de infarto. Todo muy legítimo y envidiable. La pregunta es, parafraseando a Machado, si “soy un necio al confundir valor y precio”, puesto que confieso ignorar las claves que han conducido a un abogado jovencísimo a la NBA de los honorarios, teniendo en cuenta que sus honorarios por un caso como el comentado exceden muy posiblemente de las retribuciones anuales conjuntas de varios magistrados de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.

Se me ocurre una cómoda simplificación, o caricatura, del mundo de la abogacía penal asimilando cada tipo de penalista a cada palo de la baraja española.

El Tribunal Supremo no ayuda a los abogados que se duermen en los laureles


La reciente Sentencia de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo de 4 de Diciembre de 2009 (rec.292/2008), con ocasión de la impugnación de una sanción de 90.000 euros impuesta por el Consejo de Ministros a una empresa cárnica manda un contundente mensaje a los abogados para que hagan su trabajo sin olvidarse de fundamentar jurídicamente su pretensión, cosa que puede parecer insólita pero que no falta en la práctica forense.

La mentira impune mas usada ante los jueces: « Seré breve, Señoría »

rollo

Recientemente fue noticia en Alemania la concesión del Premio a la mentira mas insolente a Actimel, ya que pese a lo anunciado «no activa las defensas». Pues bien, la muletilla con que los abogados anuncian su exposición oral ante los Tribunales del estilo «Seré breve, Señoría» suele abrir paso a una amplísima disertación, cuya cantidad tampoco «activa las defensas». Analicemos esta “paradoja forense”.

No publicarás el nombre de un abogado en vano por Internet

nombre

Eso fue lo que pensó el abogado que demandó judicialmente al Ministerio de Justicia para que le indemnizase con 1 millón de euros por haberse publicado el indulto de un delincuente con idéntico nombre en el Boletín Oficial del Estado, de forma que al estar expuesta su publicación en los buscadores de Internet se vio perjudicado en su prestigio profesional y personal. Sin embargo, la reciente Sentencia de 5 de Febrero de 2009 (recurso 757/2007) dictada por la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional ha roto el cántaro del cuento de la lechera del abogado en cuestión al desestimar su recurso.

Ruido de Abogados

Ruido de abogados

Días atrás hablaba de la interminable huelga de los funcionarios de Administración de Justicia, del “silencio ensordecedor” del Ministro, y del “ruido aterrador” de abogados y procuradores, ante la bola de nieve de pleitos en vía muerta. De ahí­, que resulta oportuno referirnos a la reciente publicación en la prestigiosa Revista General de Legislación y Jurisprudencia (2007, Nº 4, Octubre-Diciembre, pp.547-577) de un artículo titulado significativamente “Ruido de Abogados” de José Ramón Chaves García, en que se analiza el mundo de la abogacía en torno al proceso contencioso-administrativa y que, permitirme la pedantería, hará las delicias de aquéllos a quienes les gusta mezclar humor y rigor, así que ahí va un trocito del texto en formato pdf: ruido.pdf

Veinticinco excusas de un abogado ante un cliente nervioso por perder un pleito

Excusas de un abogado ante un cliente nervioso por perder un pleito.

Ante la multitudinaria sentencia de la Audiencia Nacional sobre el 11-M, le preguntaba un amigo a Sevach sobre el papelón y táctica del abogado ante su cliente para explicarle como es posible que le hayan condenado a miles de años.