Hoy día asistimos con pasión para aplaudir o condenar el asesinato de Bin Laden, las revueltas de los pueblos egipcio, sirio y libio, las astracanadas de Corea del Norte, la doble moral de Irán…. Sin embargo es duro admitir que nos acostumbremos a la “ignominia continuada” de las situaciones de pueblos oprimidos pese a que el Derecho ampara su derecho a la autodeterminación. Es el caso del pueblo saharaui, en que la prensa se acaba de hacer eco de como ha salido del letargo la  instrucción de la Audiencia Nacional por las atrocidades de Marruecos hacia el pueblo saharaui desde 1976 a 1987 ( ¿genocidio, torturas,aberraciones de Estado?) . Pero hagamos un poco de memoria…

1. La historia reciente del Sahara Occidental es la crónica de una “conjura de necios”. A partir del año 1975, tras la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid (España, Marruecos y Mauritania), España abandonó su provincia número 53. Después de la retirada de las tropas españolas, aprovechando la ocasión, se inició la conocida como ‘Marcha Verde’, a través de la cual el Reino de Marruecos ocupó el Sahara Occidental. El pueblo saharaui unido a su tierra por “sangre, sudor y lágrimas” (parafraseando a Churchill) quedó sometido al ocupante. La Resolución 1514 de la Asamblea General de la ONU de diciembre de 1960, reconoció el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui,  pero los hechos son que las autoridades marroquíes controlan el territorio con la salvedad de una pequeña porción ( bajo la débil República Arabe Saharaui democrática) sin que en la agenda alauita figure como urgente liberar el territorio. Y aunque la ONU no reconoce a Marruecos la condición de “potencia administradora”, bien poco precio es tan débil estigma por disfrutar de la ocupación del territorio y cuidarlo como un bonsai en un corral. Otro ejemplo, de cómo la razón y el derecho quedan comprometidos bajo trilladas excusas como “intereses geoestratégicos”, “política de estado”, “diplomacia internacional”, … Tal y como dije en un post anterior, en el Sahara los derechos humanos quedaron enterrados en nombre de la diplomacia.

2. Lo triste es que el tiempo corre, y al paso que vamos, se dará la primera generación de saharauis que nacerá en su tierra al margen del dominio español y que morirá bajo el dominio marroquí. Un apartheid con plazo de caducidad prorrogado indefinidamente. Un pueblo sin poder ejercer el derecho a escribir su propia historia. Y lo peor no es que se soporte la opresión, sino que se pierda la esperanza.

3. No puede menos Sevach de citar, aunque dejando a libre interpretación las concomitancias con el caso saharaui, el discurso de rendición de 1877 del Jefe Joseph de la tribu india Nez percé en las montañas de Bear Paw ( Montana):

“ Digan al General Howard que conozco su corazón. Lo que él me dijo antes, lo tengo en mi alma.Estoy harto de luchar. Nuestros Jefes han sido asesinados.Looking Glass está muerto, Ta Hool Hool Shute está muerto.Los viejos están todos muertos.Son los jóvenes los que dicen sí o no. Él que llevó a los jóvenes está muerto. Hace frío, y no tenemos ninguna manta; los niños pequeños se mueren de frío. Algunos de mi pueblo, se han escapado a las colinas, y no tienen ninguna manta o alimento. Nadie sabe donde ellos están; quizás muertos de frío.Quiero tener tiempo para buscar a mis niños, y ver cuántos de ellos puedo encontrar. Tal vez los encuentre entre los muertos. ¡Óigame, Jefes! Estoy cansado; mi corazón está enfermo y triste. Allí donde el sol brille, no lucharé nunca más.”


Dos años después diría ante el Congreso de los Estados Unidos se atrevió a decir estas palabras tan escalofriantes como certeras:

“He oído palabras y más palabras, pero nada se ha hecho. Las buenas palabras no duran si no se convierten en hechos. Las palabras no pagan la muerte de mi pueblo. No pagan la pérdida de mi país, ahora invadido por los hombres blancos. No protegen la tumba de mi padre. No pagan mis caballos y mi ganado. Las buenas palabras no me devolverán a mis hijos. Las buenas palabras no cumplirán la promesa de vuestro jefe guerrero, el general Miles. Las buenas palabras no devolverán la salud a mi pueblo ni evitarán que muera. Las buenas palabras no darán a mi pueblo un hogar donde pueda vivir en paz y cuidar de sí mismo”.

En fin, que para Sevach los Convenios de Derechos Humanos, la ONU y miles de Convenios Internacionales nos proporcionan a muchos europeos la coartada para dormir tranquilos, pero quienes no duermen tranquilos son quienes soportan la opresión…