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FuncionariosMe han solicitado si podría exponer algunos consejos prácticos para los funcionarios de nuevo ingreso, al estilo de los consejos que en su día tuve el atrevimiento de formular para los nuevos abogados. Asumo gustoso el reto de fijar pautas o criterios útiles que han cristalizado en mi paso por varias Administraciones y durante muchos años. Quizá muy típicos, acaso teóricos  o incluso errados, pero ahí están negro sobre blanco porque al menos su lectura no perjudica, y si uno solo de ellos es útil para una sola persona, habrá valido la pena.

  Eso sí, teniendo claro, por un lado, que dada la diversidad de regímenes y categorías de empleados públicos impone cierta adaptación a las particularidades, y por otro lado,  que cada uno opina de la feria según le va. Por supuesto, los veinte consejos prácticos que indicaré los tienen convalidados quienes tengan cosechados dos trienios en el ámbito público.

1. Compromiso. Creer en la función pública y en la Administración a que se sirve. No considerarse pasajero de un crucero. No hay que alimentar la leyenda urbana del funcionario como persona entregada a la molicie para toda la vida y que intenta sacarle a la Administración cuanto puede. Se trataría parafraseando a Kennedy de aquello de “ No preguntes a la Administración que puede hacer por ti, sino que puedes hacer tú por la Administración”.

2. Buena disposición. Hay funcionarios que cumplen con su trabajo, dentro de la jornada y con los medios que le facilita la Administración. Si el jefe les pide un esfuerzo adicional, como quedarse mas de la jornada habitual o afrontar expedientes de un compañero ausente, se niegan aduciendo que ya cumplen con su trabajo y se escudan en que otros cobran por  trabajos suplementarios y ellos no. Ese no es el camino. Quien actúa así, jamás será sancionado pero que tampoco espere promocionarse mucho. Su reputación será la de conformista y con poca visión institucional.
No se trata de ser serviles sino sencillamente de demostrar buena disposición pues si se encomienda un trabajo ocasional suplementario ello compensará otros momentos de relajo.

3.Formación autodidacta. No me refiero a hacer cursos oficiales y asistir a seminarios sino a algo mas personal y autodidacta. Conozco muchos funcionarios de nuevo ingreso que tras aprobar la oposición “se echan a dormir” y se creen que con un puñado de temas memorizados y el éxito entre un rebaño de opositores, pueden valerse en la pecera burocrática. Ni hablar.

Una cosa son las oposiciones, cuya superación acredita que se ha estudiado, que se recordaban las respuestas el día del examen y que se supo aprobar ejercicios prácticos sobre la materia. Y otra muy distinta es afrontar el día a día en una Administración, con un expediente real, con compañeros y jefes y bajo una normativa oscilante, y con ciudadanos cada día mas exigentes. No es lo mismo, no. autodidacta
El funcionario ha de aspirar a ser el que mas sabe de su parcela, pero sin esperar a que le proporcione el patrono tal formación. No se trata de obtener un saber universal ni teórico, sino de formarse en la parcela del puesto de trabajo concreto. Al fin y al cabo, la mejor inversión es la que efectuamos en nosotros mismos y si dominamos nuestro trabajo, mejor. Leer, repasar expedientes archivados, consultar bases de datos, escuchar a compañeros y preguntar sin complejos. Por libre, y sin que nadie nos lo ordene ni lo retribuya. Hay que estar en condiciones de comprender los expedientes que manejamos y como un jugador de ajedrez, saber anticiparse a la consulta, a la jugada del ciudadano y poder plantear iniciativas al superior. Para eso hay que estudiar aunque sea fuera de horas del trabajo.  El fruto llegará. No nos haremos imprescindibles pero nuestra opinión tendrá peso y tendremos nombre y apellidos para las autoridades que tienen en sus manos nuestro destino.

4. Sociabilidad. Hay funcionarios que van a su trabajo como el soldado que se encarga de la garita de un cuartel. Aislado, sin hablar y cumpliendo su trabajo contra viento y marea. Se pone el uniforme al entrar de esbirro callado y se lo quita al salir. Es una opción, pero quizás no sea la mas adecuada si descubrimos las virtudes de ser laboralmente extrovertido.

En primer lugar, el trabajo, como su nombre indica, será menos trabajo y mas placentero.

En segundo lugar, saludar y hablar con los compañeros, es mostrar la mano tendida, y es difícil morder a quien lo hace.

En tercer lugar, quien se aisla en su despacho como en una fortaleza inexpugnable que no espere figurar en la lista de llamados con posibilidades para puestos que requieran “mano izquierda” y diplomacia; no olvidemos que cuanto superior sea el puesto en la escala jerárquica, mayores dosis de manejo de recursos humanos se requieren.

5. Humildad intelectual. Nada de soberbia por creer que se sabe todo. El lenguaje de la Administración es el Derecho Administrativo ( “inmenso y ondulante” como decía Walt Witman) y en paralelo existe todo un mundo de comunicación informal (negociaciones, conspiraciones, tensiones,etc) no accesible a cabeza humana. Hay que tener la humildad para exponer siempre la opinión a los superiores o a los ciudadanos, con prudencia y sensatez sobre los temas administrativos a debate.

Lo primero, conocer el tema y estudiarlo.asombro

Lo segundo, comentarlo o indicarlo al consultante sin términos tajantes e imperiosos (nunca se sabe si tendremos que tragarnos lo dicho).

Y lo tercero, recordar que lo que en un momento damos como cierto, por ser criterio reiterado pacífico según el Señor Precedente, puede mañana verse cambiado por el Señor Legislador o cambiado por la Señora Jurisprudencia.

De ahí que el funcionario que toma una decisión y se sorprende cuando un político o un juez no la comparten o avalan, no debe explotar de indignación ni atrincherarse en su verdad. El jugador de tenis que chilla al árbitro o desprecia al contrario podrá ofrecer un espectáculo durante el partido pero no se ganará el respeto de los compañeros ni del público, ni hará ningún favor al tenis.

6. Cuidado con las amistades peligrosas. Una Administración es un circo. Y los hay circos pequeños y circos enormes. El Circo del Sol y el Circo de la Noche. Mucho domador, malabarista y payaso. Y el funcionario de nuevo ingreso forma parte del espectáculo pero tiene que tener cuidado con las filias y las fobias.
Los corrillos y los grupos de intereses o de presión se forman de manera espontánea. Si hay chico/a nuevo en la oficina pronto se intenta ponerle una etiqueta. ¿Afinidad con los políticos que gobiernan?, ¿ simpatía sindical?, ¿ conservador o progresista?,etc.

funcionarios

Lo deseable en el funcionario de nuevo ingreso es que desarrolle la capacidad de la salamandra, esto es, caminar entre las llamas sin quemarse. Y eso requiere prudencia y la astucia del teniente Colombo: a veces parecer tonto para ocultar que se es el listo. Una vez que uno está etiquetado, puede marcarle para la bueno y para lo malo, su futura promoción.

 Especial cuidado hay que tener con los “idus de Marzo” y con los “idos de todo el año”. Ahora no se trata de amistades o enemistades de grupos, sino de personas individualmente consideradas. Por pura estadística y reparto de la necedad humana, en toda organización suele haber alguien descontrolado y tóxico, sea en la comunidad de vecinos, un club o asociación, y como no, también dentro de los muros de la Administración que toca en suerte. Aunque son pocos cuantitativamente hay que identificar prontamente a los funcionarios tóxicos: maledicentes, conspiradores, chivatos, fanáticos, anarcoburocrátas, etc. Son el equivalente a los “virus” informáticos: perjudican sin obtener beneficio, y mas vale hacer con ellos lo que Ulises con las sirenas: atarse a un mástil y oídos sordos.

7. No todo es medrar: cada cosa a su tiempo. El complejo del Visir Iznogud se da en la Administración ( Quiero ser Califa, en lugar “del” Califa).

He conocido funcionarios que han echado su futuro por la borda por la “nivelitis” ( obsesión por cosechar niveles de destino mas elevados). Todo el día deseando un nivel mayor y todo el día comparándolo con el de los demás y poniéndolo como meta de su vida burocrática. He conocido extraordinarios funcionarios que desde un nivel 20 como Jefes de Sección de Personal, optaron por un nivel 24 de Jefe de Seccion de Contabilidad, y como Esaú, vendieron su primogenitura por un plato de lentejas, ya que por cobrar un poco mas ( e hinchar el pecho con la medalla de su nivel superior) recibieron un trabajo que no les gustaba con el consiguiente desencanto profesional.Carrera

8. Honradez. Y no me refiero a la económica, que va de suyo. Llama al pan, pan, y al vino, vino. Me refiero a que si hay un error en lo que se firma o visó, hay que asumir el mea culpa. En España la tradición es escurrir el bulto, culpar a la organización o a los inferiores. Es una conducta que parece ir contra el instinto de supervivencia y sin embargo, hay mucha grandeza cuando se asumen los errores del equipo con la misma seguridad que sus aciertos. Si no se leyó el documento que se firmó, dígase; y si lo leyó y estaba de acuerdo con su conclusión errónea, reconózcase; así se granjea el respeto el funcionario. Y si no lo asume y deja en la estacada a sus colaboradores, tendrá la misma reputación que un capitán cobarde en la batalla, que siempre le acompañará como un estigma.

9. Cuestionar antes de decidir.  En las encrucijadas burocráticas, no dar nada por sentado. Lo de preguntarse tiene sentido antes de tomar una decisión de cambio. Por ejemplo, si hay una plaza vacante y le es ofrecida en comisión de servicios o invitado a concursar a la misma, no hay que tirarse a la piscina de cabeza guiado por el anzuelo de las mayores retribuciones. Las grandes preguntas, cuya respuesta nunca está escrita, radican en lo siguiente:

Primera, ¿ por qué está vacante ese puesto?. Detrás de cada vacante hay una historia, y a veces de terror.

Segunda, ¿por qué me lo ofrecen a mí?. Tras una propuesta puede estar tanto el deseo de premiar nuestro rendimiento como el de apartarnos de nuestro destino originario.

10. Cortesía. La Administración no debe cobijar maleducados. El funcionario se relaciona con ciudadanos, con compañeros y superiores y todos merecen ser tratados por respeto. No hay cosa peor que un funcionario endiosado contra el ciudadano y que le trate con displicencia. Hacen un grave daño a la imagen del funcionario y de la Administración. Son perniciosos aunque afortunadamente escasísimos y  confiemos que “en extinción”.

11. Camaradería. Conocer compañeros es una oportunidad para enriquecerse personalmente y abrir horizontes. Con algunos se simpatizará más y con otros menos, y bien se hará si se fomenta el trato con los mas afines.

En paralelo, el café del funcionario es una ocasión de oro para saltar la fría barrera burocrática y tocar temas personales y establecer vínculos que, por un lado, hagan mas gratificante acudir al trabajo, y por otro lado, se alcen como aliados en los momentos duros en el frente burocrático.1211256512_f

12. Mano izquierda. Una Administración está servida por órganos que a su vez cuentan con titulares que no son infalibles y a veces hasta son la correa de transmisión del político de turno. En esas condiciones es posible que nos dicten órdenes o prohibiciones que encierren incumplimientos legales.

En esos casos, hay que pensar que hay un “margen de tolerancia” de los mandatos de los superiores que se frena radicalmente cuando algo es “manifiestamente ilegal”.

En los casos en que simplemente se considere “ilegal”  a nuestro leal saber y entender, pero pudiendo suscitarse dudas, lo suyo es exponerlas con exquisita diplomacia al superior y llegado el caso, habrá que introducir en el informe o en la diligencia oportuna el reparo que salve nuestra responsabilidad.

Hay que tener la seguridad de que el político que tanto nos insiste en que hagamos algo bajo su responsabilidad, si el día de mañana se examina bajo la lupa jurisdiccional, es muy posible que de forma hipócrita manifieste su ignorancia ocultándose en cuestiones “técnicas” o desplazando toda la responsabilidad al funcionario. El “sálvese quien pueda” está de moda, y el que un día fue un político soberbio se vuelve un cobarde cual pequeño Mussolini.

13. Dignidad. El funcionario ha de mantener su dignidad, como persona y como servidor público. No debe resistir humillaciones ni de ciudadanos ni de superiores o compañeros. Ahora bien, nada de echarse al monte, pues basta con negativas firmes pero elegantes, con réplicas sagaces y con recordatorios de sus derechos y garantías.dignidad

A veces el  precio de la dignidad es ser sometido a un “mobbing” de políticos o de compañeros, y no es fácil sortearlo.  Terrible para quien lo padece. Como dice la canción de Gabinete Caligari: ” Dios mío dime cómo es posible/que puedas crear tantos encantos con maldad./Dios mio dime cuál es la forma/de diferenciar cúando el orgullo es orgullo/o simplemente dignidad.”

14. No confundir “interés político” con “interés público” ( ¡ni dejarse confundir !). No debe de olvidarse que el funcionario sirve a la Administración y no a quienes la gobiernan. Parafraseando a Parménides y su imagen del río: los políticos pasan y el funcionario permanece.

15. Iniciativa. El funcionario no es un mero pasajero del buque burocrático. Forma parte de la tripulación y si ve algo mejorable tendrá que sugerirlo. No hay que esperar que las soluciones y cambios vengan siempre de los políticos. Quien mejor conoce los problemas es el funcionario de a pie. No debe tener miedo a plantear propuestas a los superiores de manera informal. iniciativaNos quedaríamos asombrados de la capacidad de cosas que pueden mejorarse solo con explicarlas. Infinidad de logros “vendidos electoralmente” por políticos son fruto de propuestas de discretos funcionarios. Resulta excitante y alentador tener una idea y empujarla para hacerla real.

16. Hacer prevalecer la eficacia sobre las formas. El funcionario tiene un margen de maniobra y a veces hay atajos para servir al ciudadano. Lo del banco recién pintado hace varios años con el cartel de advertencia, suele existir en la Administración. Por eso, hay que hacer el esfuerzo de solucionar los problemas del ciudadano, si es posible sin papeleo ni rodeos, mejor. Así obtendremos mayor satisfacción por nuestro trabajo. Cada persona que sale de la oficina pública con una sonrisa, con el semblante no alterado y sin necesidad de volver a pisarla, es un tanto a favor de la cosa pública y de los funcionarios.

17. Cuidar la propia imagen. El funcionario trabaja en una organización y eso impone sus reglas. Hay que dejar la extravagancia para cuando estamos fuera de la jornada laboral. Un expediente administrativo decide sobre vidas, haciendas y cuitas que interesan a los ciudadanos de a pie, y éstos valoran  según la percepción del mensajero.

 Así, hay imágenes que suelen sembrar prejuicios negativos (quizás injustos, pero prejuicios) como las siguientes :  desaseado, mal afeitado, pelo de colorines,  tatuajes externos, imperdibles y argollas diseminados, ropaje abigarrado o chilaba, jugueteando con palillos de dientes o mostrando los pies sobre la mesa, por ejemplo.  E insisto, podrá tener toda la sabiduría y eficacia del mundo, y nada malo hay en ello, pero si no me gustaría que un sacerdote diese misa en tales condiciones o que un médico tomase esa actitud antes de operarme, pues tampoco querría que me atendiese así un funcionario.

18. El día a día importa. Quizás muchos funcionarios soñaban al superar su oposición con un destino donde pudieran elaborar grandielocuentes informes, tomar decisiones cruciales para la vida del país o sentirse aplaudido por las autoridades. Sin embargo, por su propia naturaleza, la vida burocrática se caracteriza por la masificación y la repetición. Los expedientes suelen repetirse en sus trazos gruesos. Los expedientes suelen multiplicarse en número. Los expedientes no suelen contener documentos novelescos o risibles sino aburridos y fríos. Y sin embargo, el funcionario como Charlot en “Tiempos Modernos” ha de dar las vueltas a las tuercas del procedimiento, una y otra vez.sisifo

Hay que asumir que la labor burocrática es  callada y discreta, pero con seguridad ocurrirán cosas sencillas que invadirán de calor al funcionario y sonreirá para sí: las gracias de un ciudadano anónimo, un informe acogido positivamente por una sentencia, unas palabras amables del superior, un informe ultimado redondo en su contenido y conclusiones, unas risas cómplices con sus compañeros, etc. Pequeñas cosas pero importantes. El funcionario no descubrirá nunca el Océano pero contribuye a mantenerlo limpio y admirado, que no es poco.

19. Especializarse. La Administración es un laberinto y para no perderse hay que andar y desandar el mismo camino muchas veces. Un funcionario en cuya trayectoria demuestre ser un todo-terreno ( pasa de gestionar tributos a subvenciones y luego a recursos humanos) podrá ser admirable por su capacidad de adaptación pero por lógica elemental tal polivalencia irá acompañada de poca profundidad (salvo puntualísimas excepciones). Y lo que normalmente se prima en valoración cara a promociones, adjudicación de puestos de trabajo o encomiendas, es la especialización, esto es, aquélla formación intensa que permite pronosticar salir airoso ante cualquier eventualidad.

¿ Cómo se elige destino tras obtener plaza?.

Primero, hay que conocer las propias habilidades y aptitudes. Conocerse a sí mismo, y conocer cómo son percibidas por los demás.

Segundo, hay  que conocer las exigencias de cada puesto de trabajo: tareas, dedicación, lugar, inserción jerárquica, tipo de expedientes, etc.

Y tercero, hay que consultar a funcionarios experimentados de la Administración que nos cuenten la “intrahistoria” o vida cotidiana en tales destinos.

Y ya se estará en condiciones de elegir. Una elección errada del primer destino puede marcar todo el futuro profesional, para lo bueno y lo malo.

Hay que tener presente que la vieja disyuntiva académica entre “ciencias o letras” se amplia en el caso burocrático: “ administrativo, económico, personal o sectorial”. Una de esas ramas es la que debe conducirnos a adquirir experiencia y dominio de una parcela, que nos abrirá las puertas a eso tan codiciado que es la reputación de experto ( a los ojos de autoridades h compañeros), pasaporte hacia la satisfacción propia por desempeñar un trabajo a satisfacción de los demás.

20. Evolucionar. Los trienios se suceden y nadie puede ser indiferente a los cambios normativos, políticos y de la Administración. Hay quien se declara funcionario veterano y afirma que lo ha visto todo. Creo que quien dice que lo ha vivido todo en la Administración es como el pajarito que jamás ha salido de la jaula y conoce todo lo que ha podido conocer. Cuando se trabaja como funcionario hay que detenerse y preguntarse:¿ me gusta realmente lo que hago? Y si la respuesta es negativa hay que plantearse el cambio. Ningún funcionario debe considerarse encadenado a la bola de preso de su puesto de trabajo. La Administración es un mundo de oportunidades, pero como el Oeste americano, para los osados. Muchos puestos disponibles en la propia o distinta Administración.

De hecho, creo que en los destinos en la Administración sucede como en los cambios de coche o casa: que hay que contar con tres o cuatro cambios por agotamiento, no tanto personal, como de lo que puede aportarnos nuevo ese puesto de trabajo. Y al igual que cuando se cambia de coche o casa, hay que meditarlo que tales “mudanzas” son molestas.

Hay que partir de la certeza de que no hay ocupación perfecta ni puesto de trabajo en que el funcionario sea feliz a tiempo completo. Un trabajo sin problemas es un trabajo sin retos. Y si no los hay pasaremos del desencanto a la rutina y luego a la indolencia. Habrá momentos fáciles y difíciles como en todo, y se trata sencillamente de que el balance sea positivo. ¿ Cuales son los factores a valorar?. Muchísimos: horario, complejidad de tareas, creatividad, compañeros, ubicación, retribuciones, perspectivas de promoción, valoración social,etc. Pero como la felicidad y el éxito son personales, también lo es el peso en el particular baremo psicológico que tienen esos factores.

 

Evolucion

    He dejado para el final, un consejo que es a su vez consecuencia de la quiebra que sufre el funcionario novicio al comprobar que las cosas no son como deberían ser, como le enseñaron los libros y como las soñó. El consejo final es: paciencia, mucha paciencia. La Administración es un monstruo que tiene vida propia y se requieren grandes dosis de paciencia:

  • El funcionario recién llegado intenta cambiar las cosas pero pronto se dará cuenta del estrecho margen de elasticidad de la organización.
  • El funcionario recién llegado cree que el mérito y la capacidad se aplican a rajatabla y pronto se percata que hay vías clientelares y favoritismos que provocan ascensos o descensos vertiginosos.
  • El funcionario cree que será retribuido conforme a sus desvelos y trabajo real pero  pronto se percata de que hay retribuciones iguales por distinto trabajo y retribuciones distintas por el mismo.
  • El funcionario recién llegado cree que el principio de legalidad es la divisa de la Administración y se sorprende de la naturalidad con que se aceptan las desviaciones y las sentencias judiciales condenatorias.
  • El funcionario recién llegado piensa que “el que rompe, paga” pero pronto se da cuenta que el único que paga es el ciudadano con sus impuestos y que el político responsable se va de rositas. 
  • El funcionario recién llegado cree que los altos cargos lo son por virtudes y elevados méritos, pero pronto se da cuenta que es mas grande el pedestal que la estatua. Hay diversos tipos de altos cargos en la Administración  y  toparse con uno u otro marcará el futuro.
  • Y lo peor, el funcionario recién llegado ve que pasa el tiempo, cambian los políticos, y pocas cosas cambian. 

 En fin, por último  señalaré que es cierto que el éxito o fracaso como funcionario está marcado también por el azar, especialmente en el contexto actual de crisis económica, pero por eso precisamente creo que son mas valiosos los consejos señalados, para sobrevivir al tsunami actual. Al final del camino, cada funcionario podría reconocerse en los tipos que describí en un viejo post significativamente titulado Bestiario de urgencia de funcionarios.

0 thoughts on “Consejos prácticos para sobrevivir como funcionario

  1. yeyutus dice:

    Muy didactico y real, con mis casi 24 años de EEPP, creo que se ajusta a la realidad.
    Otro consejo, cuando uno entra en la administración cree que podrá cambiar algo las cosas, no importa el puesto que ocupes, uno piensa que aunque sea un granito, algo cambiará con su esfuerzo y dedicación, pero la administración es una máquina tremenda que apenas deja juego para nada, y aunque si cambies ese granito de arena con mucho esfuerzo, preparate, a que lo derrumben de un día para otro alguien que no tenga ni vocación, ni idea del asunto, pero obviamente ocupe un puesto superior.
    En España es un hecho constatable que desde la democracia gobierna mas veces un partido politico que otro, (aunque ambos se parecen en las formas), verás como algunos son elegidos por esos partidos politicos para promocionarlos a puestos que les vienen grandes, pero como futuro EEPP, tendrás que contemplarlo y resignarte si tu intención es solamente la que debiera ser.
    “Cumplir bien y fielmente las obligaciones del cargo para el cual tomas posesión, guardar y hacer guardar la constitución y el resto del ordenamiento jurídico con lealtad a la corona” (no te nombran ministro pero el juramento no difiere mucho)
    Si todo futuro EEPP, entrara en la administración y Jura o promete lo anterior nos iría mejor a todos.
    Pero luego estan los partidos politicos, los jefecillos, etc, que prefieren que tu nuevo juramento sea el de: curra para ellos, salvales el culo, y mira para otro lado cuando maquinan chanchullos y serás premiado con algun puestecillo.
    Por tanto Sigue los consejos de Sevach y recuerda que uno toma posesión con la obligacion de cumplir la TOMA DE POSESION y eso debe regir toda tu vida en la administración, ocupes el puesto que ocupes.

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  2. rulo dice:

    Se refleja la realidad milimetrica del día a día de la administración. Lo malo es que despues de 15 años lo unico que seseas es hacer tu trabajo lo mejor que puedas y que no te moleste ningún politicastro con sus cuestiones partidistas. ellos tienen la herramienta para resolver sus asuntos, que es innovar el ordenamiento; pero ni eso quieren hacer.
    Una situación personal que yo pasé y que definí como “yo no quiero robar para mí, pero mucho menos quiero robar para otro” y por ello intentaron apretarme las tuercas. Ya pasado tiempo y con distancia por medio la situación administrativa es mucho mejor.

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  3. juankis dice:

    Llevo 10 años de funciario “interino” y esperando que algún día pueda tener la opción a la plaza, previa oposición. En fin!!
    Suscribo totalmente tu artículo sobre los consejos prácticos y he de reconocer que te acercas a la realidad cotidiana de este oficio con mucho acierto.
    Y lo mejor de todo es que plenamente didáctico.
    Yo procuro todos los días ser éticamente responsable de mi trabajo y valorar donde estoy, porque estoy y que me debo a la ciudadanía y mis compañeros y compañeras de trabajo.
    Enhorabuena por el artículo.

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  4. sed Lex dice:

    En fin, Sevach, aún siendo buenos y deseables tus consejos (de hecho yo intento guiarme por directrices muy similares), sí que conviene desengañar al que desconoce este mundo (para que no lo confunda con los mundos de Yupi) y decirle:

    1.- Que por desgracia en este país valen mucho más los conocidos que los conocimientos (incluso para acceder a la función pública en muchos casos y mucho más una vez dentro).

    2.- Si alguien aspira a promocionar le conviene tener afinidad política (y ejercerla con carné del partido) con el partido que tenga tendencia a dominar en su administración. Y no digamos un amigo o familiar en su cúpula. Su abanico de posibilidades se agrandará sobremanera. Esto es aún más necesario si se aspira a acceder a una administración que no es la tuya.

    3.- Estar preparado y al día en la normativa tiene un gran riesgo y es que luego se quiera aplicarla, y eso no gustará a tus jefes. La ignorancia es mucho más osada y ayudará a firmar todo aquello que te pongan delante, lo cual te granjeará bastantes menos enemigos. Evidentemente esto te puede traer problemas en el futuro, pero la probabilidad (al menos hasta ahora) es bastante escasa si tienes un jefe que te ampare y al que has mostrado tu lealtad más allá de la legalidad.

    4.- Conviene ser competente, pero nunca te hagas imprescindible; como seas imprescindible jamás te dejarán moverte; sin embargo al incompetente se le quitarán del medio aunque sea promocionándole. De hecho hay una regla que dice que en la administración (como en toda gran organización) se asciende hasta el límite de la incompetencia (ojo, dije bien de la incompetencia, no de la competencia, no confundir).

    5.- Por supuesto es mucho más rentable ser un lameculos con tus jefes que cantarles las verdades del barquero; en la administración no pongas nunca patentes los problemas que ya existen; es mucho mejor su negación y mirar para otro lado; a los jefes (todos ellos políticos o polilticastros) no les gustan los problemas (aunque sea para intentar resolverlos); no se te ocurra ponerlos sobre la mesa o te tacharán de tocapelotas, y ese sambenito (más que etiqueta), sí que no te la vas a quitar.

    6.- Olvídate del principio de legalidad; eso sólo sirve en las oposiciones; en la administración no se lo cree nadie (o solo relativamente); es mucho más importante el principio de “flexibilidad”. La ley es flexible y siempre se puede retorcer. “Si lo hacen hasta los jueces….”

    7.- Este otro consejo es un poco soez; abstenerse sensibilidades delicadas: un principio que no conviene olvidar es el de que el político (léase jefe) aplica la máxima de que “al amigo el culo, al enemigo por el culo, y al indiferente la legislación vigente”. Conviene conocer quién es quién (no los tuyos, los del jefe).

    8.- Si aspiras a promocionar te conviene pillar esa comisión de servicio que te desaconsejaba Sevach… de hecho la comisión de servicio (en la práctica una libre designación encubierta) es el patrón del traje por el que te cortarán el que te hagan (si con lealtad más allá de la norma te lo ganas) en el concurso posterior para acceder a plazas de mayor nivel…

    9.- (y me niego a dar diez, aunque posiblemente podría darte muchos más): No olvides que eres mortal, como los Césares…; en la administración cuando consigues un puesto de funcionario te dicen eso de ¡qué suerte, un trabajo para siempre!. Pero nada es para siempre, nosotros también caducamos… Ni siquiera es para toda la vida (tan sólo para la vida laboral, que parece larga, pero no lo es tanto, y cómo el rollo de papel higiénico, cuanto menos queda más deprisa se gasta). Conviene no olvidarlo si quieres mantener un mínimo de ética y dignidad. Cómo la Justicia pon en una balanza qué pesa más para ti si esto o la promoción, lo que la gente llama éxito profesional y el sueldo… y decide… hagas lo que hagas tendrás la sensación de que te has equivocado… A no ser que lo tengas muy pero que muy claro… Yo aún no lo pienso y ya llevo unos cuantos trienios, pero la tentación siempre estará ahí…

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    1. sed Lex dice:

      Y podría darte otros nueve consejos para continuar:

      10.- Si por casualidad como funcionario eres letrado olvídate de contestar a los recursos administrativos de acuerdo a la buena fe, confianza legítima y objetividad; la premisa de la autoridad será contestar NO por sistema y siempre; y a partir de aquí búscate la vida para intentar encontrar un punto de apoyo aunque no sea sólido (ya harán que lo sea).

      11.- Si te toca ser juez de lo contencioso, tienes algo más independencia que el anterior, pero tu labor fundamental conviene que sea basarte en ese punto de apoyo para seguir con el NO; ya se encargarán los tribunales superiores de facilitarte doctrina o jurisprudencia para que lo consigas. Es muy conveniente ser sordo del oído derecho.

      12.- Por las mismas razones, si eres funcionario normalito (de los de a pie), olvídate de recurrir cualquier cuestión en materia de personal; ya te han quitado la posibilidad de defenderte a ti mismo, pero además te clavarán con tasas y costas… Vamos, que tras de cornudo, apaleado… Sólo recurre si te va mucho en ello, que tampoco el sueldo está para lujos y dispendios, y esto de recurrir se ha convertido en eso. Al principio sentirás una cierta indefensión, pero luego te irás acostumbrando a base de vaselina.

      13.- Si te toca llevar a cabo labores de inspección acostúmbrate a que tus jefes te dejen tirado si lo que reflejas en tus actas puede quitar votos o no conviene meneallo. Por supuesto ante cualquier problema también es posible que te dejen en la estacada. Es conveniente hacer un máster sobre “dónde no meter nunca las narices”. Y eso a pesar de que sólo aplicas las normas que ha hecho el poder legislativo y ejecutivo (que hoy por hoy son el mismo) pero, como te decía antes, una cosa es la legalidad y otra la flexibilidad. Eso sí, ante un problema Dios te libre de no haberlas aplicado.

      14.- Si te toca atención al publico, acostúmbrate a ser la cara amable de la administración para que te la rompan. De muchas cosas no eres ni mínimamente responsable, pero te han puesto para eso ahí… Antes iba en el sueldo (ahora lo dudo).

      15.- No hagas planes contando con ingresos asegurados; recuerda, tu trabajo es fijo, tu sueldo no.

      16.- Te hablarán de milongas como la “carrera profesional”. No te las creas, no está el horno para bollos y será un paripé… cantos de sirena…

      17.- ¿Cuando opositaste creías que tu trabajo era un chollo en cuanto a horario o días de libre disposición?. Siento desilusionarte. Ahora trabajamos las mismas horas y tarde que en cualquier sitio y a veces más. Tenemos menos días (muchos convenios incluyen puentes y por supuesto días de libre disposición o vacaciones). Eso sí tu fama de vago no te la quitarás. Has currado mucho para la oposición, siempre tuviste un buen expediente académico, a base de codos…, pero todo eso en este país no es trabajar. Si eres funcionario ya eres un vago per se, sólo porque la mala gestión haga que el trabajo venga a panzadas… Es inútil luchar contra esa etiqueta… al final te entrarán ganas de darles la razón… sobre todo cuando todo esto empiece a desmotivarte. Pero “saca dientes” como recomendaba La Pantoja, y tira para alante… mejor que te tengan envidia que no lástima.

      18.- Reconócelo: tú eres el causante de la crisis. No importa que nunca te hayas endeudado, que pagues impuestos por todos tus ingresos escrupulosamente (cosa que nadie más hace en este país donde el sobrecito o los ingresos en B son la norma), o que tengas un sueldo menos que digno para tu categoría… Para lo que haces, demasiado cobras y eres una lacra y una rémora para una sociedad avanzada, competitiva y neoliberal… Los médicos privados son mucho más productivos que los públicos o los guardias jurados que los policías, ya que su sueldo es mucho menor… Nunca se tendrá en cuenta al hacer el cálculo lo que revierte vía impuestos o la seguridad que da la independencia en cuanto a que no habrá ánimo de lucro en los servicios que reciban… Tú eres el único culpable de la crisis, y como tal debes pagar el rechazo de la sociedad por tener una profesión vergonzante.

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    2. sevach dice:

      Tengo que reconocer, sed lex, que tu visión no es muy optimista pero conoces muy bien la Administracion, y lo expresas estupendamente. Gracias sinceras por este viaje dantesco a la realidad pero dejame seguir creyendo que en la vida burocrática son mas las luces que las sombras.
      Saludos

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    3. sed Lex dice:

      Gracias a ti, Sevach. Espero que hayas notado la irónica realidad, porque en el fondo aconsejo lo que trato de no hacer…
      Sí, ya lo sé, soy un iluso…

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  5. Pablo Soto Mirones dice:

    La verdad es que este post, aunque me ha parecido muy acertado (y demostrativo de que todavía haya quienes seguimos queriendo ser funcionarios pese al empeño que algunos desde arriba ponen para –desmoralizándonos- impedírnoslo), me ha llevado a reflexionar sobre algo no tratado pero sí relacionado con su título.

    Y es que es preciso destacar que desde el año 2007 se ha roto el perfil originario del concepto de funcionario, siendo sustituido por el de “empleado público”, y aunque, no obstante, la propia palabra “funcionario”, con imprecisión generada por una inercia de años, se venga empleando –coloquialmente- como sinónimo de todas las categorías de empleados públicos creadas a lo largo de los años, es lo cierto que el “personal eventual”, el “personal laboral” o el “personal directivo” están dentro de una categoría –la de “empleado público”- que ha sustituido a la de funcionario, por cierto, oscureciéndola y confundiendo una ocupación antiguamente prácticamente realizada únicamente por lo que entonces solo eran “funcionarios públicos”.

    Esta es la razón por la que pienso que, además del planteamiento de esta entrada, quizá SEVACH debería –podría- plantearse una nueva pregunta y escribir un nuevo post, y diseñar el título en otros términos como p.e.: «Consejos prácticos para los “empleados públicos” de nuevo ingreso», lo que sin duda abriría mas campo al primer enfoque y haría más jocosa la riada de ocurrencias que su imaginación le llevaría a confeccionar.

    No obstante, también debo decir que, a fuer de “legales”, habría que reconocer que en comentarios anteriores ya fueron tratadas algunas de estas cuestiones, como, p.e., en un excelente post de recomendable lectura titulado «Pasen y Vean: los Contratos de Alta dirección en la Administración sin trampa ni cartón» (en el que además puede apreciarse una bonita imagen premonitoria creo que del ministro Montoro), o en otro en el que se advierte que se tenga cuidado con buscar la vía de la entrada fácil del no licenciado por mor de que quien lo haga sin duda caerá en el inevitable intrusismo con el riesgo de ser sancionado penalmente como corresponde (ver el post «Del intrusismo profesional por falsos Licenciados en Derecho»), o con la de la adulación, sobre la que ya advirtió Sevach en otro comentario («De la adulación como vía de promoción profesional»).

    Como observación final, sin ánimo de descubrir o delatar aquí otros motivos que previsiblemente han fundado este post (o sí), sin duda cabe señalar cómo en su día ya reconoció José Ramón por qué a él y a todos nos interesaría que ningún funcionario perdiera su ilusión primera:
    • «Sin embargo, Sevach piensa que hoy día el desencanto es la seña de identidad que sufre el común de los funcionarios. Es dificilísimo captar funcionarios ilusionados. Y eso no es bueno para la Administración ni para el servicio público. A Sevach no le gustaría ser operado del corazón por un médico abúlico y desencantado. Y como ciudadano tampoco le parece buen augurio ser atendido por un funcionario en similares condiciones»

    (Comentario de mucha actualidad y evidente sentido práctico que cualquiera, mínimamente inteligente y con sentido común, sin duda suscribiría, ¿no?)

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  6. enrique dice:

    Gran culpa tienen los propios empleados públicos. Sí, sí. El buen funcionario tiene que lidiar con tres morlacos, la autoridad de turno, el público y los que comparten cartél con el diestro.

    Lógicamente una buena faena contaría con la aprobación del respetable que agitando el pañuelo conminaría al presidente a otorgar la oreja. El problema surge cuando la plaza está más pendiente de la desaprobación del presidente y la jalea con sus silbidos hasta el punto de desear que sea el maestro el descabellado. Mala maña se han dado los funcionarios cuando con su pasividad han permitido que la cuadrilla se contaminara con enchufados: banderilleros que la clavan al quiebro político, picadores engordando…

    La mediocridad decadente ha ido ensombreciendo el traje de luces hasta una auténtica perversión que culminará cuando el arrastre de la crisis se haya llevado sin tomar la alternativa de la oposición a los mejores espadas interinos. Eso sí, los maletillas, con su peculiar estilo de arrimarse y no precisamente al toro, ya están al frente de la Escuela Rondeña; sobrevivirán casi todos a la crisis.

    Un saludo.

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  7. Uno de esas entradas que quedan para la posteridad, sublime y consultable infinidad de veces. Grande, como siempre. Veinte puntos sensatos y extrapolables muchos empleos. El problema surge de la dualidad dignidad versus spanish way of life, es decir, sí, muy bien, siempre debe apostarse por el trabajo bien hecho pero luego está la posibilidad de adaptar ese esfuerzo a los emolumentos o a la situación del entorno…y claro, pedir que nos convirtamos en el funcionario perfecto aunque nos den tortas hasta en el carné no está muy bien visto.

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  8. Funcionario dice:

    Me gustaría añadir un humilde comentario a los ya apuntados: El destino ideal no existe. Los funcionarios vamos cabalgando y cumpliendo trienios en la creencia de que “mi puesto” está ahí fuera, ahora sí. ¡Uy, cómo me den ese puesto, me voy a reír del mundo! El mundo es grande y en buena parte de las ocasiones, se mofa de nosotros. Gracias.

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  9. Dura lex dice:

    Amigo Sevach, casi siempre estoy de acuerdo con lo que escribes, pero hoy no. Estoy en desacuerdo porque pese a todas las pegas que pones, advierto que, en el fondo, piensas que lo normal, si uno actúa razonablemente bien, es tener un trabajo medianamente aceptable como funcionario. Ojalá sea cierto. No lo ha sido en mi caso, y tampoco creo ser un bicho demasiado raro.
    He intentado seguir no todos, pero sí casi todos tus veinte puntos. Fallo en la mano izquierda, que no tengo mucha. Y fallo, involuntariamente, en la evolución, el cambiar de destino, ya que es prácticamente imposible de alcanzar en los organismos definidos como deficitarios de personal, como el que me tocó en suerte -digo me tocó en suerte porque tampoco tuve posibilidad de elegir otro-. ¡Cambiar de destino! Me mareo de satisfacción sólo al imaginar que pueda ser posible.
    ¿Un puesto fijo, una retribución razonable, dentro de lo que es la administración? Sí, eso es lo que tengo, pero también desencanto, frustración, indignación, perplejidad. La paciencia, con tres trienios, ha dejado su sitio al lorazepam.
    Se me olvidaba: en estas circunstancias, ya no cuido en exceso mi apariencia personal… (digo en mi descargo que no trabajo cara al público, que al fin y al cabo es quien me paga)

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    1. sevach dice:

      Estimado comentarista: Hace mucho tiempo que me di cuenta de que no hay que creer en la felicidad a tiempo completo, en la meta que nos vendian de pequeños y el final feliz de los cuentos, y desde entonces me sentí mejor solo buscando ” momentos” felices; y de igual modo a lo largo de mi peregrinaje burocrático ( con algunas fases en que me he sentido como tú, ni te imaginas) descubrí que no hay destino idílico sino que lo valioso son los momentos mágicos que de cuando en cuando te depara la vida profesional, sobre todo ignorando a aquéllos que se esfuerzan en estropearte el dìa ( ¿ciudadanos con ínfulas de marqués, autoridades con criterio absurdo o sin criterio, envidiosos, conspiradores, etc)…pero siempre sale el sol.

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  10. Realmente “el nuevo funcionario” o “recien llegado” en muchos centros es mirado como un “peligro” para el resto de “compañeros”. Situaciones curiosas y no tan curiosas (más que desagradables) hemos tenido que lidiar. Gracias por el articulo y dar estos consejos que a más de uno le vendrán de perlas.

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  11. M. M dice:

    Sevach, para los que empiezan en la Administración Pública quizá esté muy bien, para los demás, me apunto a la opinión de sed lex…i si además los temas que te toca llevar son los tributarios, en un pueblo de mala muerte, con un cuatripartito, ya ni os digo!!!!!
    Si quiero afirmar que si todos los funcionarios nos “plantásemos” ante las ordenes injustas o ilícitas quizá no estaríamos donde estamos. Si dejamos el abrigo del miedo, la niebla de futuro en casa, y somos coherentes y cumplimos con nuestra promesa a la CE y a todo el Ordenamiento Jurídico, además de dormir bien, sentiremos que realmente hemos cambiado alguna cosa.
    Sólo nuestra profesionalidad y el desapego al miedo hará que nuestra Administración sea el fiel reflejo que establecen las Leyes y nuestra Constitución

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    1. Enrique dice:

      Esa fue, sin duda alguna, la solución. Hoy no lo es porque ya estáis en minoría y los mediocres y trepas tienen el poder, así como los medios de comunicación más influyentes. El rodillo disciplinario (que a lo mejor no esta ajustado a derecho ni en la forma) pasaría implacablemente sobre el justiciero calificándole de antisistema, topo del 15-M o lo que haga falta.

      Y la plebe, en su borreguil ignorancia o amarga envidia, aplaudiría.

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    2. sed Lex dice:

      No hace falta que lo hagamos todos; si esperas a eso lo tienes claro; pero cada uno puede hacer algo (sin necesidad de plantarse) para cambiar las cosas. Por aplicar las normas nadie te aplica un disciplinario… Hay otras formas de castigar.

      Nadie puede ponerse delante del sistema ni cambiarlo todo (te aplasta), pero sí se pueden ir poniendo pequeñas chinas en las ruedas. No trates de cambiar a los demás, cambia lo que tú puedas, es lo único que está en tu mano, pero muchos pocos pueden hacer un mucho.

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  12. Cmbalboa dice:

    Y ¿qué puesto trabajo no tiene una parte oscura?. Por supuesto que hay motivos para quejarse, ¿y qué consigues con esto? Prefiero seguir aportando mi granito de arena, de ilusión, esfuerzo y ética -personal y profesional. Y sé que dá resultado y que influyes en tu entorno, lo mejoras y te hacen mejorar.
    Además no estamos solos los que pensamos así, como creía hasta hace poco, cada vez hay más funcionarios /empleados públicos, con las mismas ilusiones y grandísimas capacidades. El esfuerzo de cada uno cuenta.
    Muchas gracias por el artículo (y los que están por venir)

    http://funkzionatas.wordpress.com/manifiesto/

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  13. CMBalboa dice:

    Y ¿qué puesto trabajo no tiene una parte oscura?. Por supuesto que hay motivos para quejarse, ¿y qué consigues con esto? Prefiero seguir aportando mi granito de arena, de ilusión, esfuerzo y ética -personal y profesional. Y sé que dá resultado y que influyes en tu entorno, lo mejoras y te hacen mejorar.
    Además no estamos solos los que pensamos así, como creía hasta hace poco, cada vez hay más funcionarios /empleados públicos, con las mismas ilusiones y grandísimas capacidades. El esfuerzo de cada uno cuenta.
    Muchas gracias por el artículo (y los que están por venir)

    http://funkzionatas.wordpress.com/manifiesto/

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  14. Juan J. Pérez dice:

    Mi querido Sevach:

    Perdóname que empiece criticando tu título: queda corto. No hablas, luego, de sobrevivir sino de vivir (desempeñar el puesto) dignamente. Y ese es el propósito de la gran mayoría de funcionarios. Un propósito de corto y largo plazo al tiempo (léase “diario” y “de por vida”, respectivamente) que rechina, con demasiada no deseable frecuencia, con el medio plazo (tres, cuatro años) de otros propósitos en otros colectivos.

    La consciencia de la batalla ganada la tienen pocas personas. Las más honradas de ellas suelen reconcer, en su fuero interno al menos, que no es mérito individual, sino colectivo. Y el colectivo que ha ganado la batalla suele casi ni enterarse. es como lo de los hijos: quienes los crían no ven, sino muy a largo plazo, su crecimiento. Son los otros los que lo notan al verlos de cuando en vez. Los que levantaron la Bandera en Okinawa acaso acabaran de llegar y no tuvieran barro; los del barro, estarían descansando. En mi entorno se dice: “premios y condecoraciones a los no participantes” (del “decálogo de las fases de un proyecto”).

    ¿Por qué todo este rollo?
    Porque los funcionarios no solemos ver el fruto de nuestras actividades sino muy a largo plazo; en tendencias, en evoluciones, en visiones retrospectivas…
    Tenemos un sistema de estado del bienestar de los que mejor funcionan del mundo y eso es una tarea colectiva de al menos un par de generaciones. Sería injusto no reconocer a los tecnócratas del Plan de Estabilización de 1959 unos grandes cimientos y sería necio intentar apropiarse de los logros bajo unas únicas siglas medioplacistas: tarea de todos. Exito de todos.
    Para ese éxito, han hecho falta (hemos hecho y haremos falta) miles y miles de empleados públicos de muy distintos pelajes.
    Y el resultado, que a mi modesto entender no es nada mediocre, está ahí.

    Pues ello no es posible sin empleados públicos con las actitudes que Sevach relata como consejos a los nuevos. Y es muy importante ser conscientes de estas dos cosas que acabo de recordar: tarea colectiva y actitudes individuales. Lo digo ante algunas voces de relativo desánimo y visiones poco optimistas de esta conversación.

    Mi modesto consejo adicional:
    Yo, siempre que tengo jefe nuevo, le digo que mi lealtad institucional se manifestará especialmente cuando piense yo que se equivoca o no acierta en las cuestiones, porque se lo haré saber para, acto seguido de la advertencia, ejecutar sus órdenes siga mi criterio o no pues, pasado el momento de formación de voluntad, la administración es jerárquica en la ejecución (o debiera serlo).
    Paralelamente, a quienes se incorporan a mi equipo de trabajo les exijo lo mismo: advertencia y criterio libremente expresado -leal y correctamente expresado- y no menor lealtad para ejecutar las decisiones cuando están tomadas. Es especialmente inicuo socavar la credibilidad de las instituciones y los órganos manifestando el excepticismo o el descrédito de las cosas que ejecutamos (hablo, fundamentalmente, de puestos de alto nivel); y se da mucho.

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  15. Habilitadanovel dice:

    Estimado Sevach,

    Mi inminente incorporación a la función pública me ha hecho leer tu artículo con extremo interés. Lo he encontrado interesante y espero poder poner en práctica tus consejos, así como también algunos de los comentarios de lectores.
    Me ha gustado sobre todo porque tengo mucha ilusión y gran vocación del servicio público, y de un tiempo a ahora, con la convulsa situación del funcionariado todo son malos augurios, mensajes negativos, manifestaciones de desprestigio e incluso de desanimo y pesimismo entre compañeros, como algunos de los comentarios que han aportado al artículo.
    Pienso que afrontar mi entrada a la función pública sin ilusión sería como intentar aprobar la oposición sin optimismo, imposible.
    Un saludo.

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  16. Me parece este uno de los mejores articulos de este Blog.
    Chaves ¿porque no haces otro en el que el destinatario sea el funcionario que ya lleva varias decadas y que a pesar de estar quemado se niega a ser pasto de la pila funeraria?
    Yo con tu permiso voy a aportar mi granito de arena
    El trabajo es una actividad que hacemos en un horario que se nos impone por el sistema durante el cual se desarrollan actividades repetitivas y cuyo beneficiario suelen ser otros y no el propio trabajador. Por eso es muy dificil que con los años el trabajo nos guste. Podremos estar enganchados al trabajo (y muchos lo están o estamos) pero no por ilusion sino por responsabilidad. Responsabilidad impuesta o autoimpuesta. Pero al final todo trabajador acaba quemado. Y para evitar el sentimiento de culpa, el trabajador, se busca, nos buscamos excusas para no sufrir con el sentimiento de autoculpa. Si a un compañero lo han promocionado por pelotas yo voy a trabajar menos. Que si mi jefe es un inutil y un dictador, voy a trabajar menos. Algunos EEPP buscan, buscamos estas excusas rapidamente cuando accedemos a la AAPP. Los EEPP podemos vivir mejor en el seno de la AAPP que en el sector privado. Por contra tambien suele ser mas habitual el medrar mediante peloteos, mediante traiciones, mediante malas artes. En el sector privado se da en menor medida porque el empresario se juega la pasta, y por eso al pelotas le reira la gracia, pero pondrá de jefe de seccion a quien le haga ganar mas dinero. Por eso en la AAPP tenemos que autovacunarnos para no hacer uso y abuso de estas excusas. Las AAPP, o el sector publico en general, es como es, y tenemos que aprender a vivir con ello. Pero creo que no debemos de aprender a sobrevivir. Debemos aprender a que el sistema no nos cambie. A que el medrar del pelotas no tenga como daño colateral que yo pase a formar parte del grupo de los quemados improductivos. Creo que todos debemos hacer lo posible por aislar a esos pelotas. Por hacer frente de cuando en cuando a nuestro concejal, politico, jefe, si usan la jerarquia para doblegarnos. Como dice el famoso refran, debemos ser como juntos doblarnos pero no rompernos. Si acabamos en el vagon de los quemados, es que nos hemos roto. Si acabamos en el vagon de los pelotas y trepas, tambien nos habremos roto. Ser sociables, ser flexibles, pero que no nos manipulen mas de lo que podemos soportar. En lo publico las señales de que lo estamos haciendo bien son dificiles de detectar. Si los compañeros o los jefes nos dicen que somos buenos en lo que hacemos, ojo. Si nos critican por rigurosos en la aplicacion de la ley, ojo tambien, porque pueden llevar razon. Creo que los empleados publicos debemos de cuando en cuando analizar si lo estamos haciendo bien, no por lo que desde fuera de nosotros mismos nos digan, sino por lo que nuestro corazon nos indique (nota: no quito la palabra corazon porque aunque cursi creo que es la unica luz que ha guiado a esos empleados publicos que han pasado por las AAPP y han empujado en carro comun en lugar de ser una carga, carga por quemaduras profesionales, o carga por decision voluntaria…)

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  17. nolo dice:

    Una pregunta me quita el sueño, a)los funcionarios nos consideramos el coro de miserables esclavos de la opera Aida. b) el resto de la ciudadanía nos considera privilegiados.
    Me aterra pensar que, realmente, ambas cosas sean ciertas.

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