FuncionariosMe han solicitado si podría exponer algunos consejos prácticos para los funcionarios de nuevo ingreso, al estilo de los consejos que en su día tuve el atrevimiento de formular para los nuevos abogados. Asumo gustoso el reto de fijar pautas o criterios útiles que han cristalizado en mi paso por varias Administraciones y durante muchos años. Quizá muy típicos, acaso teóricos  o incluso errados, pero ahí están negro sobre blanco porque al menos su lectura no perjudica, y si uno solo de ellos es útil para una sola persona, habrá valido la pena.

  Eso sí, teniendo claro, por un lado, que dada la diversidad de regímenes y categorías de empleados públicos impone cierta adaptación a las particularidades, y por otro lado,  que cada uno opina de la feria según le va. Por supuesto, los veinte consejos prácticos que indicaré los tienen convalidados quienes tengan cosechados dos trienios en el ámbito público.

1. Compromiso. Creer en la función pública y en la Administración a que se sirve. No considerarse pasajero de un crucero. No hay que alimentar la leyenda urbana del funcionario como persona entregada a la molicie para toda la vida y que intenta sacarle a la Administración cuanto puede. Se trataría parafraseando a Kennedy de aquello de “ No preguntes a la Administración que puede hacer por ti, sino que puedes hacer tú por la Administración”.

2. Buena disposición. Hay funcionarios que cumplen con su trabajo, dentro de la jornada y con los medios que le facilita la Administración. Si el jefe les pide un esfuerzo adicional, como quedarse mas de la jornada habitual o afrontar expedientes de un compañero ausente, se niegan aduciendo que ya cumplen con su trabajo y se escudan en que otros cobran por  trabajos suplementarios y ellos no. Ese no es el camino. Quien actúa así, jamás será sancionado pero que tampoco espere promocionarse mucho. Su reputación será la de conformista y con poca visión institucional.
No se trata de ser serviles sino sencillamente de demostrar buena disposición pues si se encomienda un trabajo ocasional suplementario ello compensará otros momentos de relajo.

3.Formación autodidacta. No me refiero a hacer cursos oficiales y asistir a seminarios sino a algo mas personal y autodidacta. Conozco muchos funcionarios de nuevo ingreso que tras aprobar la oposición “se echan a dormir” y se creen que con un puñado de temas memorizados y el éxito entre un rebaño de opositores, pueden valerse en la pecera burocrática. Ni hablar.

Una cosa son las oposiciones, cuya superación acredita que se ha estudiado, que se recordaban las respuestas el día del examen y que se supo aprobar ejercicios prácticos sobre la materia. Y otra muy distinta es afrontar el día a día en una Administración, con un expediente real, con compañeros y jefes y bajo una normativa oscilante, y con ciudadanos cada día mas exigentes. No es lo mismo, no. autodidacta
El funcionario ha de aspirar a ser el que mas sabe de su parcela, pero sin esperar a que le proporcione el patrono tal formación. No se trata de obtener un saber universal ni teórico, sino de formarse en la parcela del puesto de trabajo concreto. Al fin y al cabo, la mejor inversión es la que efectuamos en nosotros mismos y si dominamos nuestro trabajo, mejor. Leer, repasar expedientes archivados, consultar bases de datos, escuchar a compañeros y preguntar sin complejos. Por libre, y sin que nadie nos lo ordene ni lo retribuya. Hay que estar en condiciones de comprender los expedientes que manejamos y como un jugador de ajedrez, saber anticiparse a la consulta, a la jugada del ciudadano y poder plantear iniciativas al superior. Para eso hay que estudiar aunque sea fuera de horas del trabajo.  El fruto llegará. No nos haremos imprescindibles pero nuestra opinión tendrá peso y tendremos nombre y apellidos para las autoridades que tienen en sus manos nuestro destino.

4. Sociabilidad. Hay funcionarios que van a su trabajo como el soldado que se encarga de la garita de un cuartel. Aislado, sin hablar y cumpliendo su trabajo contra viento y marea. Se pone el uniforme al entrar de esbirro callado y se lo quita al salir. Es una opción, pero quizás no sea la mas adecuada si descubrimos las virtudes de ser laboralmente extrovertido.

En primer lugar, el trabajo, como su nombre indica, será menos trabajo y mas placentero.

En segundo lugar, saludar y hablar con los compañeros, es mostrar la mano tendida, y es difícil morder a quien lo hace.

En tercer lugar, quien se aisla en su despacho como en una fortaleza inexpugnable que no espere figurar en la lista de llamados con posibilidades para puestos que requieran “mano izquierda” y diplomacia; no olvidemos que cuanto superior sea el puesto en la escala jerárquica, mayores dosis de manejo de recursos humanos se requieren.

5. Humildad intelectual. Nada de soberbia por creer que se sabe todo. El lenguaje de la Administración es el Derecho Administrativo ( “inmenso y ondulante” como decía Walt Witman) y en paralelo existe todo un mundo de comunicación informal (negociaciones, conspiraciones, tensiones,etc) no accesible a cabeza humana. Hay que tener la humildad para exponer siempre la opinión a los superiores o a los ciudadanos, con prudencia y sensatez sobre los temas administrativos a debate.

Lo primero, conocer el tema y estudiarlo.asombro

Lo segundo, comentarlo o indicarlo al consultante sin términos tajantes e imperiosos (nunca se sabe si tendremos que tragarnos lo dicho).

Y lo tercero, recordar que lo que en un momento damos como cierto, por ser criterio reiterado pacífico según el Señor Precedente, puede mañana verse cambiado por el Señor Legislador o cambiado por la Señora Jurisprudencia.

De ahí que el funcionario que toma una decisión y se sorprende cuando un político o un juez no la comparten o avalan, no debe explotar de indignación ni atrincherarse en su verdad. El jugador de tenis que chilla al árbitro o desprecia al contrario podrá ofrecer un espectáculo durante el partido pero no se ganará el respeto de los compañeros ni del público, ni hará ningún favor al tenis.

6. Cuidado con las amistades peligrosas. Una Administración es un circo. Y los hay circos pequeños y circos enormes. El Circo del Sol y el Circo de la Noche. Mucho domador, malabarista y payaso. Y el funcionario de nuevo ingreso forma parte del espectáculo pero tiene que tener cuidado con las filias y las fobias.
Los corrillos y los grupos de intereses o de presión se forman de manera espontánea. Si hay chico/a nuevo en la oficina pronto se intenta ponerle una etiqueta. ¿Afinidad con los políticos que gobiernan?, ¿ simpatía sindical?, ¿ conservador o progresista?,etc.

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Lo deseable en el funcionario de nuevo ingreso es que desarrolle la capacidad de la salamandra, esto es, caminar entre las llamas sin quemarse. Y eso requiere prudencia y la astucia del teniente Colombo: a veces parecer tonto para ocultar que se es el listo. Una vez que uno está etiquetado, puede marcarle para la bueno y para lo malo, su futura promoción.

 Especial cuidado hay que tener con los “idus de Marzo” y con los “idos de todo el año”. Ahora no se trata de amistades o enemistades de grupos, sino de personas individualmente consideradas. Por pura estadística y reparto de la necedad humana, en toda organización suele haber alguien descontrolado y tóxico, sea en la comunidad de vecinos, un club o asociación, y como no, también dentro de los muros de la Administración que toca en suerte. Aunque son pocos cuantitativamente hay que identificar prontamente a los funcionarios tóxicos: maledicentes, conspiradores, chivatos, fanáticos, anarcoburocrátas, etc. Son el equivalente a los “virus” informáticos: perjudican sin obtener beneficio, y mas vale hacer con ellos lo que Ulises con las sirenas: atarse a un mástil y oídos sordos.

7. No todo es medrar: cada cosa a su tiempo. El complejo del Visir Iznogud se da en la Administración ( Quiero ser Califa, en lugar “del” Califa).

He conocido funcionarios que han echado su futuro por la borda por la “nivelitis” ( obsesión por cosechar niveles de destino mas elevados). Todo el día deseando un nivel mayor y todo el día comparándolo con el de los demás y poniéndolo como meta de su vida burocrática. He conocido extraordinarios funcionarios que desde un nivel 20 como Jefes de Sección de Personal, optaron por un nivel 24 de Jefe de Seccion de Contabilidad, y como Esaú, vendieron su primogenitura por un plato de lentejas, ya que por cobrar un poco mas ( e hinchar el pecho con la medalla de su nivel superior) recibieron un trabajo que no les gustaba con el consiguiente desencanto profesional.Carrera

8. Honradez. Y no me refiero a la económica, que va de suyo. Llama al pan, pan, y al vino, vino. Me refiero a que si hay un error en lo que se firma o visó, hay que asumir el mea culpa. En España la tradición es escurrir el bulto, culpar a la organización o a los inferiores. Es una conducta que parece ir contra el instinto de supervivencia y sin embargo, hay mucha grandeza cuando se asumen los errores del equipo con la misma seguridad que sus aciertos. Si no se leyó el documento que se firmó, dígase; y si lo leyó y estaba de acuerdo con su conclusión errónea, reconózcase; así se granjea el respeto el funcionario. Y si no lo asume y deja en la estacada a sus colaboradores, tendrá la misma reputación que un capitán cobarde en la batalla, que siempre le acompañará como un estigma.

9. Cuestionar antes de decidir.  En las encrucijadas burocráticas, no dar nada por sentado. Lo de preguntarse tiene sentido antes de tomar una decisión de cambio. Por ejemplo, si hay una plaza vacante y le es ofrecida en comisión de servicios o invitado a concursar a la misma, no hay que tirarse a la piscina de cabeza guiado por el anzuelo de las mayores retribuciones. Las grandes preguntas, cuya respuesta nunca está escrita, radican en lo siguiente:

Primera, ¿ por qué está vacante ese puesto?. Detrás de cada vacante hay una historia, y a veces de terror.

Segunda, ¿por qué me lo ofrecen a mí?. Tras una propuesta puede estar tanto el deseo de premiar nuestro rendimiento como el de apartarnos de nuestro destino originario.

10. Cortesía. La Administración no debe cobijar maleducados. El funcionario se relaciona con ciudadanos, con compañeros y superiores y todos merecen ser tratados por respeto. No hay cosa peor que un funcionario endiosado contra el ciudadano y que le trate con displicencia. Hacen un grave daño a la imagen del funcionario y de la Administración. Son perniciosos aunque afortunadamente escasísimos y  confiemos que “en extinción”.

11. Camaradería. Conocer compañeros es una oportunidad para enriquecerse personalmente y abrir horizontes. Con algunos se simpatizará más y con otros menos, y bien se hará si se fomenta el trato con los mas afines.

En paralelo, el café del funcionario es una ocasión de oro para saltar la fría barrera burocrática y tocar temas personales y establecer vínculos que, por un lado, hagan mas gratificante acudir al trabajo, y por otro lado, se alcen como aliados en los momentos duros en el frente burocrático.1211256512_f

12. Mano izquierda. Una Administración está servida por órganos que a su vez cuentan con titulares que no son infalibles y a veces hasta son la correa de transmisión del político de turno. En esas condiciones es posible que nos dicten órdenes o prohibiciones que encierren incumplimientos legales.

En esos casos, hay que pensar que hay un “margen de tolerancia” de los mandatos de los superiores que se frena radicalmente cuando algo es “manifiestamente ilegal”.

En los casos en que simplemente se considere “ilegal”  a nuestro leal saber y entender, pero pudiendo suscitarse dudas, lo suyo es exponerlas con exquisita diplomacia al superior y llegado el caso, habrá que introducir en el informe o en la diligencia oportuna el reparo que salve nuestra responsabilidad.

Hay que tener la seguridad de que el político que tanto nos insiste en que hagamos algo bajo su responsabilidad, si el día de mañana se examina bajo la lupa jurisdiccional, es muy posible que de forma hipócrita manifieste su ignorancia ocultándose en cuestiones “técnicas” o desplazando toda la responsabilidad al funcionario. El “sálvese quien pueda” está de moda, y el que un día fue un político soberbio se vuelve un cobarde cual pequeño Mussolini.

13. Dignidad. El funcionario ha de mantener su dignidad, como persona y como servidor público. No debe resistir humillaciones ni de ciudadanos ni de superiores o compañeros. Ahora bien, nada de echarse al monte, pues basta con negativas firmes pero elegantes, con réplicas sagaces y con recordatorios de sus derechos y garantías.dignidad

A veces el  precio de la dignidad es ser sometido a un “mobbing” de políticos o de compañeros, y no es fácil sortearlo.  Terrible para quien lo padece. Como dice la canción de Gabinete Caligari: ” Dios mío dime cómo es posible/que puedas crear tantos encantos con maldad./Dios mio dime cuál es la forma/de diferenciar cúando el orgullo es orgullo/o simplemente dignidad.”

14. No confundir “interés político” con “interés público” ( ¡ni dejarse confundir !). No debe de olvidarse que el funcionario sirve a la Administración y no a quienes la gobiernan. Parafraseando a Parménides y su imagen del río: los políticos pasan y el funcionario permanece.

15. Iniciativa. El funcionario no es un mero pasajero del buque burocrático. Forma parte de la tripulación y si ve algo mejorable tendrá que sugerirlo. No hay que esperar que las soluciones y cambios vengan siempre de los políticos. Quien mejor conoce los problemas es el funcionario de a pie. No debe tener miedo a plantear propuestas a los superiores de manera informal. iniciativaNos quedaríamos asombrados de la capacidad de cosas que pueden mejorarse solo con explicarlas. Infinidad de logros “vendidos electoralmente” por políticos son fruto de propuestas de discretos funcionarios. Resulta excitante y alentador tener una idea y empujarla para hacerla real.

16. Hacer prevalecer la eficacia sobre las formas. El funcionario tiene un margen de maniobra y a veces hay atajos para servir al ciudadano. Lo del banco recién pintado hace varios años con el cartel de advertencia, suele existir en la Administración. Por eso, hay que hacer el esfuerzo de solucionar los problemas del ciudadano, si es posible sin papeleo ni rodeos, mejor. Así obtendremos mayor satisfacción por nuestro trabajo. Cada persona que sale de la oficina pública con una sonrisa, con el semblante no alterado y sin necesidad de volver a pisarla, es un tanto a favor de la cosa pública y de los funcionarios.

17. Cuidar la propia imagen. El funcionario trabaja en una organización y eso impone sus reglas. Hay que dejar la extravagancia para cuando estamos fuera de la jornada laboral. Un expediente administrativo decide sobre vidas, haciendas y cuitas que interesan a los ciudadanos de a pie, y éstos valoran  según la percepción del mensajero.

 Así, hay imágenes que suelen sembrar prejuicios negativos (quizás injustos, pero prejuicios) como las siguientes :  desaseado, mal afeitado, pelo de colorines,  tatuajes externos, imperdibles y argollas diseminados, ropaje abigarrado o chilaba, jugueteando con palillos de dientes o mostrando los pies sobre la mesa, por ejemplo.  E insisto, podrá tener toda la sabiduría y eficacia del mundo, y nada malo hay en ello, pero si no me gustaría que un sacerdote diese misa en tales condiciones o que un médico tomase esa actitud antes de operarme, pues tampoco querría que me atendiese así un funcionario.

18. El día a día importa. Quizás muchos funcionarios soñaban al superar su oposición con un destino donde pudieran elaborar grandielocuentes informes, tomar decisiones cruciales para la vida del país o sentirse aplaudido por las autoridades. Sin embargo, por su propia naturaleza, la vida burocrática se caracteriza por la masificación y la repetición. Los expedientes suelen repetirse en sus trazos gruesos. Los expedientes suelen multiplicarse en número. Los expedientes no suelen contener documentos novelescos o risibles sino aburridos y fríos. Y sin embargo, el funcionario como Charlot en “Tiempos Modernos” ha de dar las vueltas a las tuercas del procedimiento, una y otra vez.sisifo

Hay que asumir que la labor burocrática es  callada y discreta, pero con seguridad ocurrirán cosas sencillas que invadirán de calor al funcionario y sonreirá para sí: las gracias de un ciudadano anónimo, un informe acogido positivamente por una sentencia, unas palabras amables del superior, un informe ultimado redondo en su contenido y conclusiones, unas risas cómplices con sus compañeros, etc. Pequeñas cosas pero importantes. El funcionario no descubrirá nunca el Océano pero contribuye a mantenerlo limpio y admirado, que no es poco.

19. Especializarse. La Administración es un laberinto y para no perderse hay que andar y desandar el mismo camino muchas veces. Un funcionario en cuya trayectoria demuestre ser un todo-terreno ( pasa de gestionar tributos a subvenciones y luego a recursos humanos) podrá ser admirable por su capacidad de adaptación pero por lógica elemental tal polivalencia irá acompañada de poca profundidad (salvo puntualísimas excepciones). Y lo que normalmente se prima en valoración cara a promociones, adjudicación de puestos de trabajo o encomiendas, es la especialización, esto es, aquélla formación intensa que permite pronosticar salir airoso ante cualquier eventualidad.

¿ Cómo se elige destino tras obtener plaza?.

Primero, hay que conocer las propias habilidades y aptitudes. Conocerse a sí mismo, y conocer cómo son percibidas por los demás.

Segundo, hay  que conocer las exigencias de cada puesto de trabajo: tareas, dedicación, lugar, inserción jerárquica, tipo de expedientes, etc.

Y tercero, hay que consultar a funcionarios experimentados de la Administración que nos cuenten la “intrahistoria” o vida cotidiana en tales destinos.

Y ya se estará en condiciones de elegir. Una elección errada del primer destino puede marcar todo el futuro profesional, para lo bueno y lo malo.

Hay que tener presente que la vieja disyuntiva académica entre “ciencias o letras” se amplia en el caso burocrático: “ administrativo, económico, personal o sectorial”. Una de esas ramas es la que debe conducirnos a adquirir experiencia y dominio de una parcela, que nos abrirá las puertas a eso tan codiciado que es la reputación de experto ( a los ojos de autoridades h compañeros), pasaporte hacia la satisfacción propia por desempeñar un trabajo a satisfacción de los demás.

20. Evolucionar. Los trienios se suceden y nadie puede ser indiferente a los cambios normativos, políticos y de la Administración. Hay quien se declara funcionario veterano y afirma que lo ha visto todo. Creo que quien dice que lo ha vivido todo en la Administración es como el pajarito que jamás ha salido de la jaula y conoce todo lo que ha podido conocer. Cuando se trabaja como funcionario hay que detenerse y preguntarse:¿ me gusta realmente lo que hago? Y si la respuesta es negativa hay que plantearse el cambio. Ningún funcionario debe considerarse encadenado a la bola de preso de su puesto de trabajo. La Administración es un mundo de oportunidades, pero como el Oeste americano, para los osados. Muchos puestos disponibles en la propia o distinta Administración.

De hecho, creo que en los destinos en la Administración sucede como en los cambios de coche o casa: que hay que contar con tres o cuatro cambios por agotamiento, no tanto personal, como de lo que puede aportarnos nuevo ese puesto de trabajo. Y al igual que cuando se cambia de coche o casa, hay que meditarlo que tales “mudanzas” son molestas.

Hay que partir de la certeza de que no hay ocupación perfecta ni puesto de trabajo en que el funcionario sea feliz a tiempo completo. Un trabajo sin problemas es un trabajo sin retos. Y si no los hay pasaremos del desencanto a la rutina y luego a la indolencia. Habrá momentos fáciles y difíciles como en todo, y se trata sencillamente de que el balance sea positivo. ¿ Cuales son los factores a valorar?. Muchísimos: horario, complejidad de tareas, creatividad, compañeros, ubicación, retribuciones, perspectivas de promoción, valoración social,etc. Pero como la felicidad y el éxito son personales, también lo es el peso en el particular baremo psicológico que tienen esos factores.

 

Evolucion

    He dejado para el final, un consejo que es a su vez consecuencia de la quiebra que sufre el funcionario novicio al comprobar que las cosas no son como deberían ser, como le enseñaron los libros y como las soñó. El consejo final es: paciencia, mucha paciencia. La Administración es un monstruo que tiene vida propia y se requieren grandes dosis de paciencia:

  • El funcionario recién llegado intenta cambiar las cosas pero pronto se dará cuenta del estrecho margen de elasticidad de la organización.
  • El funcionario recién llegado cree que el mérito y la capacidad se aplican a rajatabla y pronto se percata que hay vías clientelares y favoritismos que provocan ascensos o descensos vertiginosos.
  • El funcionario cree que será retribuido conforme a sus desvelos y trabajo real pero  pronto se percata de que hay retribuciones iguales por distinto trabajo y retribuciones distintas por el mismo.
  • El funcionario recién llegado cree que el principio de legalidad es la divisa de la Administración y se sorprende de la naturalidad con que se aceptan las desviaciones y las sentencias judiciales condenatorias.
  • El funcionario recién llegado piensa que “el que rompe, paga” pero pronto se da cuenta que el único que paga es el ciudadano con sus impuestos y que el político responsable se va de rositas. 
  • El funcionario recién llegado cree que los altos cargos lo son por virtudes y elevados méritos, pero pronto se da cuenta que es mas grande el pedestal que la estatua. Hay diversos tipos de altos cargos en la Administración  y  toparse con uno u otro marcará el futuro.
  • Y lo peor, el funcionario recién llegado ve que pasa el tiempo, cambian los políticos, y pocas cosas cambian. 

 En fin, por último  señalaré que es cierto que el éxito o fracaso como funcionario está marcado también por el azar, especialmente en el contexto actual de crisis económica, pero por eso precisamente creo que son mas valiosos los consejos señalados, para sobrevivir al tsunami actual. Al final del camino, cada funcionario podría reconocerse en los tipos que describí en un viejo post significativamente titulado Bestiario de urgencia de funcionarios.